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Tesis sobre la actual crisis de la UE

Thies Gleiss 17/07/2017
 

Intervención de Thies Gleiss, obrero metalúrgico, miembro del IG Metall y de Die Linke (portavoz federal de Antikapitalistischen Linken), en la “Jornada sobre la alternativas al sistema euro y a la UE neoliberal (Tagung der AKL über Alternativen zum Eurosystem und zur neoliberalen EU)” organizadas por  Die Antikapitalistische Linke (AKL) el 28 de enero de 2017 y celebrada en Düsseldorf, bajo el lema “¡Por una liquidación coordinada del euro y la ruptura con la UE neoliberal!”

1. La UE no es ninguna “idea de izquierdas” (como es vendida por muchos dirigentes de izquierdas), sino que siempre fue un acuerdo del capital europeo para asegurar sus beneficios y organizar la competencia. En ese acuerdo resonaron siempre los acordes de la Guerra Fría y el anticomunismo.

2. El Proyecto capitalista de la UE es el proyecto de dominación más importante del capital europeo. Está unido a la expectativa de generar un nuevo período prolongado y sostenido de crecimiento, acumulación de capital y también de obtener la aceptación y legitimación por parte de la población –porque ello ahora forma parte de la estabilidad.

3. Ese proyecto experimentó siempre grandes contradicciones internas. La UE NO es la supresión de la competencia intraeuropea de las empresas, sino el refuerzo de un acuerdo exterior a favor, en cierto modo, de los intereses generales del capital europeo. Sin embargo, el desarrollo de un estado europeo como aparato de esos intereses generales se desarrolla con dificultades en relación con las necesidades políticas.

La UE no ha superado los nacionalismos profundamente arraigados (los que también una y otra vez son movilizados por los intereses cortoplacistas de los propios grupos empresariales) y ha tenido que dejar de lado los esfuerzos unitarios en tres campos importantísimos: la política militar, fiscal y social.

4. Sin embargo, se mantuvo la presión para consolidar la UE. Junto a la presión económica de la globalización de la economía y la agudización de la competencia mundial, se agrega a partir de 1990 la presión política (incluyendo la introducción del euro como moneda) para acelerar el proceso de unión para impedir el fracaso de la reunificación alemana, realizada bajo el signo del capitalismo.

5. Este proyecto de UE, de este modo distorsionado e inmaduro va a ser sin embargo durante casi 10 años un modelo exitoso, ante todo a causa de un casi ilimitado recurso al crédito y al endeudamiento que ha conducido a la expansión de los sectores improductivos.

Con la crisis mundial –también sorpresiva para el capital, al menos sorprendente en su profundidad- ha acabado ese modelo exitoso. La UE se debate en una crisis existencial que continua en la actualidad.

6. Esa crisis se relaciona con los elementos nucleares del proyecto UE: la moneda común, el euro; la articulación de unos supuestos intereses unitarios de capital y la construcción de un estado europeo, la eficiencia de las administraciones europeas, las dificultades en el desarrollo de una política de defensa europea, el insoluble déficit democrático de la UE –en resumen, todos estos factores de crisis- y por último una crisis de legitimación casi final entre la población europea.

El proyecto del capital europeo se ha transformado en un barril sin fondo, que para la mayoría de la población no es una promesa, sino que es percibido como una amenaza.

Esta crisis política de la UE ha conducido a su “pérdida de la inocencia”. Respecto a Grecia, Portugal, España y otros países la UE ha llevado a cabo una política criminal, que debe ser detenida mediante la movilización de masas y la concientización de izquierdas.

7. En esta emergencia los gobiernos europeos y los capitales respectivos han dado un paso atrás: han recurrido a priorizar los intereses nacionales y al fomento del respectivo nacionalismo para proteger esas decisiones. En lugar del Himno de la Alegría y la bandera de las estrellas de la UE, agitar y venerar los himnos y las banderas nacionales. Se rompieron las principales promesas de los tratados de la UE y se toleró su ruptura. Ello fue seguido por el Pacto de Estabilidad; la dictadura de la deuda y de la restricción presupuestaria, las medidas proteccionistas para las industrias nacionales; el Acuerdo de Schengen para impedir la llegada de inmigrantes, etc.

Los grandes ganadores de esa marcha atrás fueron el gobierno alemán y los capitales alemanes. A partir de ahora en Europa se habla en alemán

8. Simultáneamente durante la crisis se han agudizado los déficits democráticos en la UE. La UE se ha transformado en una combinado bancario y empresarial que, por medio de decretos, acuerdos especiales cerrados en secreto opera con medidas de excepción permanentes. La fuerza impulsora es el gobierno alemán.

Ese declive democrático no conoce límites. En los hechos las decisiones soberanas adoptadas por los miembros de los parlamentos son ignoradas o consideradas no deseables.

9. En este contexto, y en este orden, los partidos y grupos nacionalistas  de derechas en Europa han conseguido, a la vista de todos, devenir el tema del siglo por excelencia. El crecimiento de los partidos de derecha es posible con motivo de la crisis de la UE y de la reacción de sus arquitectos, a menudo incluso impulsados por ellos. Sin embargo, muchos de los partidos de derechas no están contra la UE sino que utilizan su crisis.

Con la gran cantidad de refugiados los gobiernos de la UE han eliminado el último obstáculo en su retorno al nacionalismo. Trabajan de forma más o menos abierta mano a mano con los ultranacionalistas y racistas, para cerrar la fortaleza Europa a la afluencia masiva de los pobres de todo el planeta.

10. La crítica actual de la UE, especialmente desde las izquierdas, no es, por esta razón, ningún “retorno” al nacionalismo, sino la movilización de las fuerzas sociales, las que pueden asestar un golpe mortal al poryecto central del capital europeo.

La crítica de las derechas a la UE tampoco es por ese motivo y en el fondo un retorno al nacionalismo, sino la clásica propuesta de las fuerzas pequeñoburguesas, pre-fascistas a la gran burguesía, de que quieren y pueden manejar la crisis que esta ha generado, de forma más consecuente y brutal. 

11. El movimiento de protesta contra la UE, los referéndums en diversos países, incluido el Brexit en Gran Bretaña, tiene por esa razón también un elemento progresivo. Es tarea de las izquierdas reforzar ese elemento de progreso y con esa finalidad participar en los movimientos de oposición a la UE. Ninguno de los movimientos de protesta contra a UE ha aumentado la infkuencia de las derechas y sólo pocos han reforzado su fuerza de manera sostenida.

12. A raíz de este desarrollo es hoy absolutamente evidente que:

-La UE no puede reformarse o democratizarse. Este es el gran error de muchos la izquierda o en DIEM25 y “nuevo pensamiento europeo”.

-La UE tampoco puede “renovarse” mediante un par de modificaciones en los tratados y un sistema monetario con una banda de fluctuación, como proponen Lafontaine, Flassbeck y otros.

-En lugar de eso, debe detenerse el funcionamiento de la UE y proceder a su liquidación, porque una ulterior crisis política de la UE significa mayor miseria. Para ello son necesarias movilizaciones masivas, pero también medidas para la supresión de las obligaciones que imponen los tratados de Maastricht y Lisboa.

-Eso podría ser una especie de “rebelión contra la UE” – tal como lo formuló acertadamente Varoufakis - de la cual surgieran desde abajo nuevas formas de cooperación europeas y el contorno de una nueva Europa.

-La izquierda no se puede permitir una actitud “neutral y expectante” de cara a la UE, de acuerdo con el lema “dejadnos reflexionar con calma sobre un nuevo proyecto de UE”. La actual política de la UE cuesta cada día vidas humanas – en el Mediterráneo, en los barrios pobres de las ciudades, en las colonias de facto y en las guerras apoyadas por la UE. Esta política debe ser detenida.

Publicada en http://www.antikapitalistische-linke.de/?p=1811)

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