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El desafío del socialismo

Benjamin Farrington 13/05/2018
 

El Desafío del Socialismo” por Benjamin Farrington (1947)[1]

 

Tres citas de James Connolly:

El control de todos los medios de la vida por parte de individuos privados es la raíz de toda tiranía, nacional, política, militarística. Aquellos que controlan el trabajo controlan el mundo.” The Workers’ Republic. 18 de Diciembre de 1915.

En el largo plazo la libertad de una nación se mide por la libertad de sus clases más bajas. Cada escalón ascendente de esta clase en la posibilidad de poseer cosas más elevadas levanta el estándar de la nación en la escala civilizatoria. Cada vez que esta clase es rechazada de vuelta al fango, el tono moral entero de la nación sufre.” The Workers’ Republic. 29 de Mayo de 1915.

Mientras contemos que la civilización signifique la ascendencia de la industria y de las artes de la industria sobre el reino de la violencia, el pillaje y la esclavitud… “Civilización” necesariamente connotará la gradual suplantación de las fuerzas de orden y la provisión cuidadosa para el futuro. Esto significa la nivelación de las clases y la iniciación de la gente en el conocimiento y el goce de todo lo que tiende a suavizar las dificultades naturales de la vida y en hacer tal vida refinada y bella.” The Workers’ Republic. 30 de octubre de 1915.

 

Introducción:

Este es el primer panfleto a ser publicado bajo el auspicio de “Review”, la revista mensual, publicada en Dublin, que, en la tradición de James Connolly, trata de despertar en el pueblo irlandés un interés intelectual en, y una comprensión de, la ciencia del Socialismo y el gran movimiento mundial que ha crecido alrededor suyo.

De forma apropiada, nuestro primer panfleto tiene por título “El desafío del Socialismo”. El autor, Benjamin Farrington, nació en Cork en 1891. Educado en University College, de Cork, y Trinity Colleges, de Dublin, ha mantenido puestos en las universidades de Belfast, Ciudad del Cabo (durante quince años), Bristol y, desde 1936, Gales donde ahora es profesor de Clásicas en University College, de Swansea. Además de traducir del latín y de editar informes tempranos de las gentes nativas de Suráfrica así como partes de las escrituras médicas de Vesalius y Boerhaave, ha escrito Primum Graius Homo, Samuel Butler and the Odissey, Science in Antiquity, The Civilization of Greece and Rome y Science and Politics in the Ancient World. En agosto de 1946, dio dos conferencias en Dublin en una escuela de fin de semana patrocinado por “Review”.

 

El texto editado de Farrington sigue:

Hace treinta años yo era ya, inconscientemente, un marxista. Le debo esta iniciación a James Connolly, a quien oí hablar, aunque por desgracia sólo una vez, y de quien he leído todo lo que escribió. Su Labour in Irish History, su Reconquest of Ireland, su The Axe to the Root, me parecieron entonces, cuando era un estudiante en Dublin, y me siguen pareciendo todavía los más importantes enunciados políticos de cualquier irlandés de nuestro tiempo. Podría en efecto cuestionarse si alguna otra generación de irlandeses tuvo un líder tan adecuado intelectualmente a las exigencias de su tiempo como lo fue Connolly.

Soy uno de esos a quienes la Huelga de Dublin de 1913 dejó una huella indeleble. La miseria social y la insuficiencia moral reveladas entonces son cosas que uno no debe olvidar. Y yo no las olvido, y gran parte de 1913 sobrevive hasta hoy. El pueblo irlandés todavía no posee Irlanda. De hecho, no puede haber muchos países en Europa Occidental donde la masa del pueblo posea tan poco. Después de haber vivido diez años en el otro lado del Mar Irlandés quedé chocado de encontrarme de nuevo lo que había conocido tan bien en Irlanda, la inmensa brecha entre los ricos y los pobres. Los pobres en Irlanda son mucho más pobres que los de Gran Bretaña. La multitud de necesitados o de mendigos practicantes son una prueba de esto.

Las condiciones de vivienda, incluso si han tenido mejoras, son muy malas y la perspectiva de alivio real parece mucho más lejana que en Inglaterra. Las condiciones de trabajo de los maestros, como se revela en las discusiones de su huelga, son comparativamente muy malas. Las emigraciones no son necesariamente un mal, aunque no puedo olvidar que en los días de lucha contra Inglaterra, después de la Primera Guerra Mundial, una de las esperanzas que se nos ofrecía era que el autogobierno pondría fin a la emigración. Pero la idea de que los trabajadores irlandeses sean reclutados en las minas mal gestionadas de Gran Bretaña hasta que las condiciones allí mejoren no es agradable. Mirando la situación en todos sus aspectos, no hay demasiada evidencia del poder de los trabajadores en Irlanda, y parece que al capital irlandés le va muy bien. Parece disfrutar de toda la libertad que pudiera desear. Lo que ha sido emancipado por las luchas de la última generación no es el trabajador irlandés sino la burguesía irlandesa.

No se pueden recoger los higos de los cardos, y el sistema capital-ista no es uno que pueda emancipar el trabajo. Debe esclavizarlo. Los efectos negativos de la concentración y control estructurales de la riqueza y de la circulación de la moneda son enormes. ¿Hay alguna evidencia de que amplios sectores de la opinión irlandesa responsable están empezando a apreciar esta verdad? Recientemente hubo una Comisión sobre Organización Vocacional. Debo admitir que vi la composición de esta Comisión con cierta sorpresa. Cuando viejos enemigos se juntan fácilmente significa por lo general que están asustados a causa de algún peligro común, y la alianza dura hasta que el peligro se ha disipado. Y aquí tenemos a un obispo católico y un obispo protestante sentándose codo con codo, un jesuita en consejo con un eminente presbiteriano, un veterano líder sindical en conferencia con un representante de la nueva oligarquía financiera. En discusión pacífica lo arreglan todo. Con unas pocas reservas aquí y allá fueron capaces de estar de acuerdo con un plan para hacer próspero y feliz a todo el mundo en Irlanda. ¿Acordaron liquidar el capital-ismo? Al contrario, acordaron recomendar su perpetuación en su última forma perniciosa – el estado corporativo. Pareció como si un fantasma recorriera Irlanda, el fantasma del poder obrero, una vez defendido por Connolly y ahora realizado… en muchos otros lugares, y como si los líderes de opinión irlandeses (si los comisionados nos permiten tal nombre) se hubieran reunido en precipitado consejo para convocar la sombra de Mussolini que los rescatara.

Mucho más interesante me parece referirme al estudio de Arnold Marsh “Pleno empleo en Irlanda”. Aquí hay una masa de información sobre Irlanda y algunos otros países, bien digerida y establecida claramente, que me parece podría ser de la mayor utilidad para estudiantes serios. No puedo sino lamentar, en cualquier caso, que toda la discusión se base en una falsa premisa. Al repasar el libro en The Irish Monthly (mayo de 1946), el sacerdote jesuita empieza: “¿puede el empleo masivo ser abolido en una sociedad libre?” Esta pregunta representa justamente el problema de Arnold Marsh. Pero tenemos que preguntar nosotros: “¿puede una sociedad ser libre donde existe el desempleo masivo o su amenaza?” De nuevo, la funcionalidad democrática de la economía. Este es el resultado neto de la actividad de las capacidades y políticas fiscales. Esta es una cuestión igualmente importante, y no me parece que Arnold Marsh haga nada para ayudar a resolverla poniendo toda su argumentación bajo la tutela de las encíclicas papales. La evocación de supersticiones sancionadas por el Estado para controlar a la población general es un patrón trillado, por definición está ausente una crítica comunal, y generalmente se basa en la confusión de posición y privilegio.

Arnold Marsh nos dice: “para la mayoría del pueblo de Irlanda la enseñanza contenida en las Encíclicas Papales es la guía autoritaria según la cual la política práctica debe ser formulada”. ¿Y qué ayuda o guía se encuentra en las frases vacías y ambiguas que Arnold Marsh selecciona de las encíclicas para nuestra educación? “Cada clase debe recibir su parte correspondiente.” ¿Pero qué es una parte correspondiente? Y, ¿son las clases eternas? “No puede decirse que la justicia social haya sido satisfecha mientras a los trabajadores les sea negado un salario que les permita asegurar un sustento adecuado para ellos y sus familias; mientras les sea negada una oportunidad para adquirir una modesta fortuna y evitar la plaga del pauperismo universal.” ¿Qué trabajador se ha beneficiado nunca de tales tópicos? “El Estado debe tomar cada medida necesaria para proveer empleo, particularmente para las cabezas de familia y para la juventud”.

Sólo un estado en la historia, el de los EUA bajo el liderazgo del Presidente F. D. Roosevelt, ha hecho esto, y no puede decirse que esté a favor del Vaticano. “Tales métodos sociales y económicos deberían ser adoptados en tanto que permitirán a cada cabeza de familia ganar tanto como sea necesario para él, su esposa y la crianza de sus hijos.” Esto es suficientemente oscuro para toda consciencia, pero Arnold Marsh también comenta: “(Estos) extractos hacen ciertos deberes tan claros que la actitud de algunos líderes se ha vuelto una causa para la sorpresa y el escándalo. Sabiendo qué se les requiere, no se proponen hacerlo.” ¿Qué guía hay en todo esto? Un hombre podría también cortarse los tendones a sí mismo antes de una carrera. Aquí están nuestros “deberes claros y religiosos.” ¿Pero dónde acaba la religión y dónde empiezan la economía y la política? ¿Dónde empezamos a pensar por nosotros mismos y dónde esperamos a que alguien haga nuestra reflexión por nosotros?

La cuestión de la pobreza, de la pobreza evitable, se merece un tratamiento más serio que éste. Llega a las mismas raíces de nuestra sociedad y no puede ser manejada servicialmente por comisiones o individuos que no están preparados para despojarse de toda ilusión, dejar caer toda farsa, y se dispongan para una lucha por la verdad y la justicia que demandará sus mentes y sus corazones de una forma nueva y desconocida. En el Dublin de 1913 estaba claro que no sabíamos bastante y que no nos preocupamos lo bastante como para arreglar el desorden en que se encontraba nuestra ciudad y en que todavía se encuentra, en que se encontraba nuestro país y en que todavía se encuentra. Algunos tipos de problemas con los que podemos lidiar. Podemos enviar comida y ropa a grupos de hambrientos en Europa. Podemos traer a niños franceses o alemanes para que descansen y se recuperen en Irlanda. Pero no podemos hacer lo mismo por nuestros pobres irlandeses. Está más allá de nuestra capacidad asegurar comida, ropa y atención médica para todos los niños irlandeses. ¿Por qué es esto así? Planteé la cuestión sin rodeos a uno de nuestros reformadores y me dio una respuesta contundente. “Podemos rescatar refugiados de las zonas afectadas por la guerra sin cambiar nuestro sistema social. No podemos rescatar a nuestros propios pobres sin cambiar nuestro sistema social.” Este es el desafío del socialismo. ¿Cuándo vamos a responder a él?

Cuando yo era un crío, y debería añadir, donde yo era un crío – por cuanto pueden haber partes de la tierra más ilustradas que Cork – cuando nos “volvimos socialistas” supusimos que el socialismo significaba tomar lo que había de riqueza en el país y dividirla equitativamente. El problema era de distribución. Pensamos que si la riqueza de la comunidad era distribuida justamente a todo el mundo le iría bien. Más tarde, nuestros mayores y mejores nos señalaron que si la riqueza disponible se distribuía todo el mundo sería miserablemente pobre y toda empresa sería estrangulada. Cuando digerimos esta verdad nos recuperamos de nuestro “socialismo”. Tuvimos nuestro sarampión y quedamos salvos de infección para el futuro. Supongo que yo me hubiera recuperado de mi socialismo, si no hubiera aprendido de Connolly a entender la palabra socialismo un poco mejor, a entender el socialismo que es una ciencia y no un sentimiento, el socialismo al que un hombre serio puede dar su lealtad tanto mental como sentimental.

Hace unos setenta años, los socialistas de Europa se encontraban en una conferencia para discutir lo que se llama el Programa de Gotha, un documento que se pretendía guía para las actividades prácticas de los partidos socialistas en las luchas que se extendían ante ellos. Karl Marx no pudo estar presente, pero preparó una crítica del programa, el cual le parecía trabajar bajo graves defectos científicos. El documento, corto y sin pretensiones formalmente, da expresión a ideas que son potentes en la transformación del mundo hoy. A la carga de labor intelectual implicada en la composición del documento se añadió la carga moral de la crítica aguda de los compañeros de trabajo en la causa socialista. En reconocimiento de esta doble tensión Marx escribió al final, en latín: Dixi et salvavi animam meam, “Hablé, y al hablar salvé mi alma”. Tal vez la verdad más fundamental para la que Marx estaba tratando de ganar aceptación era que el social-ismo es, fundamentalmente, una cuestión de producción y no de distribución. Voy a daros ahora su declaración en sus propias palabras.

Es equivocado, en general, tomar como esencial la llamada distribución y poner en ella el acento principal. La distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción. Y ésta es una característica del modo mismo de producción. Por ejemplo, el modo capital-ista de producción descansa en el hecho de que las condiciones materiales de producción están en las manos de los que no trabajan bajo la forma de propiedad del capital y del suelo, mientras la masa sólo es propietaria de la condición de producción personal, a saber, la fuerza de trabajo. Distribuidos de este modo los elementos de producción, la actual distribución de los medios de consumo es una consecuencia natural. Si las condiciones materiales de producción fuesen propiedad colectiva de los propios obreros, esto determinaría, por sí solo, una distribución de los medios de consumo distinta de la actual. El socialismo vulgar (y por intermedio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez dilucidada la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver a marchar hacia atrás?”

[[Sobre esto, Lenin comenta: “Marx contrasta el socialismo vulgar con el socialismo científico. El último no concede gran importancia a la distribución, sino que explica el sistema social por la organización de las relaciones de producción y considera que el sistema de organización de las relaciones de producción dado ya incluye un sistema de distribución definido. Esta idea recorre como hilo conductor todas las enseñanzas de Marx.” (Selected Works, Vol. I p. 460)]]

El marxismo se llama a sí mismo socialismo científico y enseña que uno no puede ser un socialista efectivo sin un estudio serio de la historia y de la política. Es desdeñoso, y justa y necesariamente desdeñoso, de ese socialismo superficial y sentimental que piensa que todo lo que un socialista precisa es un corazón tierno y un sentido de juego limpio. Es este socialismo superficial que piensa que los males del mundo pueden ser remediados si la gente repartiera las cosas con justicia (para reducir la desigualdad). Poniendo todo el énfasis en la distribución, se imaginan que todo lo que se necesita para una reforma radical del mundo es un llamado a la conciencia de la humanidad. Estas personas son totalmente ignorantes de la profundidad y la complejidad de los problemas de la pobreza. Y cuando los socialistas les señalan que su llamado a la conciencia de la humanidad es totalmente inadecuado, a menos que la conciencia incluya mucho más que un corazón tierno y un sentido de juego limpio, quedan chocados y se unen a las filas de los que claman que los socialistas son indiferentes a la moralidad, mientras que estos tratan de practicar una moralidad superior que hace demandas tanto a la cabeza como al corazón.

El hecho es que la humanidad debe producir riqueza antes de poder dividirla. Sólo en las porciones del planeta altamente industrializadas existe esta posibilidad, incluso hoy, de producir suficiente comida, ropa y refugio para todos. Toda la historia y el destino de la humanidad ha dependido en el pasado y depende hoy del posible control de la producción por parte del hombre. Ninguna civilización fue posible hasta que el hombre consiguió una considerable medida del control de las fuerzas productivas, y tal es la razón por la que, si bien el hombre ha estado en la Tierra quizás durante 500.000 años, y el Homo Sapiens ha estado en la Tierra durante 50.000 años, ha estado civilizado sólo desde hace 5.000 años. Tal es también la razón por la que, a lo largo de toda la historia de la civilización, sólo una minoría de la humanidad ha disfrutado de sus frutos.

La mayoría de los hombres han sido leñadores y acarreadores de agua, una minoría ha disfrutado de tiempo libre, comida adecuada y refugio, oportunidades para la cultura. Sería inútil para los chinos (1947), cuyas técnicas de producción son todavía primitivas, buscar el bienestar de todos dividiendo la riqueza de los pocos terratenientes entre las masas de campesinos. Deben conquistar métodos modernos de producción. En la Antigüedad clásica habría sido inútil que cualquier filósofo pagano hubiera tratado de abolir la esclavitud a menos que estuviera preparado para abolir la civilización. La civilización clásica descansaba sobre el esclavo. Tan poco hubiera podido cualquier maestro cristiano en la Europa feudal, de haber estado muy preocupado, para mejorar la suerte del siervo.

Los medios de emancipación para las masas de la humanidad han venido sólo con la conquista del poder. Es el campo particular del social-ismo científico el haber analizado el desarrollo de la sociedad en relación al control del hombre sobre su entorno material, esto es, en relación al desarrollo de las fuerzas productivas. Es el mensaje especial del marxismo el haber enseñado a la humanidad que ya no está en control suficiente de las fuerzas productivas. Son las relaciones de producción equivocadas y un sistema social defectuoso, lo que obstaculiza en el camino de la emancipación de todos los hombres del fantasma de la necesidad. El análisis socialista-científico de la Historia deja claro cómo ha surgido la forma presente de la sociedad capital-ista. Este análisis de la sociedad capitalista también deja claro cómo puede ser transformada en algo mejor. Intenta algo más que apelar a las emociones. Hace demandas tanto a la cabeza como al corazón.

El hecho de que el socialismo ha llegado a ser científico, que ahora exige de sus adherentes (como condición para la solución de la crisis en el mundo capitalista de nuestro tiempo) también una comprensión del desarrollo de la sociedad en relación con el desarrollo de las fuerzas de producción, - este hecho ha provocado la alianza entre intelectuales y trabajadores tan característica del mundo moderno.

Y no se olvide que un propósito de esta alianza es cerrar la brecha entre trabajadores manuales e intelectuales. Esta es una división que ha sido abierta por el lento proceso de la Historia y que el proceso de la Historia está ahora cerrando de nuevo. James Connolly es un buen ejemplo de ello. Mientras las duras condiciones del trabajo manual a menudo impiden a los trabajadores la posibilidad de una cultura intelectual alta, un hombre de dotación intelectual excepcional puede triunfar sobre estas dificultades, y si tuviera la buena fortuna, como la tuvo Connolly, de encontrar una teoría de la sociedad verdadera, una teoría que verdaderamente oriente el lugar en la Historia de las fuerzas productivas del trabajo, podría, asistido por su propia experiencia, asimilar tal teoría, sentir y conocer su verdad, exponerla, y desarrollarla, con una independencia, originalidad y comprensión que dejarán al estudiante académico muy atrás. Este fue el caso de James Connolly, y tomo esta oportunidad para reconocer de nuevo la deuda que contraje cuando era estudiante con este trabajador.

Permitidme que me extienda un momento en este punto. En 1915, habiendo completado mis estudios en University College, de Cork, estuve recibiendo una formación más intensa en Trinity College. Por segunda vez, en una segunda universidad, estaba completando un curso de estudios sobre la civilización en la Antigüedad clásica. Fue en este punto que me encontré con Labour, Nationality, and Religion, de Connolly. Este pequeño libro, que sin duda conoceréis, es una respuesta a los discursos Lenten contra el socialismo dados por el Padre Kane, S. J., en Gardiner Street, Dublín, en 1910. Los discursos del Padre Kane fueron una muestra promedio de oscurantismo. Un gran desfile de aprendizaje antiguo diseñado para producir confusión en la mente sobre una cuestión contemporánea. Un chorro perpetuo de pseudo-emoción diseñado para paralizar la voluntad antes de un desafío a la acción audaz. James Connolly, quien había tenido que ganarse la vida como basurero, no había tenido lo que parecían oportunidades ideales de educación. Pero no sólo su mente y su corazón rechazan el propósito oscurantista y la retórica de pacotilla del Padre Kane. Entrenado como estaba en el socialismo científico tenía también la visión clara que le permitía exponer las falacias de su erudito oponente. El Padre Kane pretendió citar a Aristóteles en condena del socialismo, tratando de arrojar el voto de Aristóteles en el bando de Martin Murphy contra los trabajadores dublineses.

Connolly comenta: “la palabra <<Socialismo>>, y los principios socialistas fueron inauditos hasta el comienzo del siglo XIX; y Aristóteles nació en el 384 a. C.… Así que citar a Aristóteles como si escribiera sobre Socialismo es como decir que Owen Roe O’Neill envió un telegrama a la Confederación Católica en Kilkenny en 1677, o que George Washington cruzó el río Delaware en una máquina voladora.”

Habiendo asegurado el voto de Aristóteles por Martin Murphy, el Padre Kane trata de exaltar su autoridad todo lo que puede. “Volveremos al viejo filósofo griego, Aristóteles, el filósofo para quien Kant, Hegel, Comte, Hobbes y Locke son simplemente niños soñadores o estudiantes torpes. Aristóteles fundó su filosofía en hechos”. Sí, pero ¿en qué hechos? El Padre Kane estaba tratando de recomendar la filosofía social de Aristóteles a su confiada audiencia como fundada en hechos. ¿En qué hechos sociales estaba fundada? Connolly le dio la respuesta:

Nosotros purificaremos la filosofía de Aristóteles de las enseñanzas que él derivó del mundo esclavo en que vivió, y lo haremos socialista. Permítasenos recordar al Padre Kane que la mente de Aristóteles estaba tan completamente dominada por su entorno económico que era incapaz de concebir un mundo en el que no hubiera esclavos en cautiverio, y así declaró que la esclavitud debería existir siempre. Una profecía falseada ahora por cientos de años.” (de Labour, Nationality, and Religion).

Estas palabras de Connolly hicieron más por mí que deshacerme del Padre Kane. Corrigieron también una falsa impresión que había sido dejada en mi mente por maestros sinceros y capaces. A lo largo de mis años como un estudiante universitario, yo había estado estudiando la historia del pensamiento. Nadie antes de Connolly me había hecho dar cuenta de que la historia del pensamiento no existe de forma aislada, sino que forma parte de la historia de la sociedad en que el pensamiento es producido. Esta es una lección importante de haber aprendido. En este caso particular, implicó que la filosofía social de un viejo poseedor de esclavos en una pequeña ciudad-estado del siglo IV antes de Cristo tal vez no sea aplicable de forma inmediata a las luchas de clase de la sociedad industrial moderna, y esto es algo que muchos profesores de clásicas, políticas y económicas parecen no saber. Pero significa más que esto. Al exponer las relaciones entre pensamiento y sociedad el socialismo nos ayuda a distinguir entre esos pensamientos que nos entorpecen y confunden en nuestros esfuerzos por derrotar los males de la sociedad, y aquellos que despejan nuestras mentes y fortalecen nuestros propósitos. De nuevo, este es un gran tema en el que no puedo embarcarme ahora. Pero soy consciente de que debo a un trabajador la convicción de que el aprendizaje necesita no ser algo pedante u oscurantista sino una guía para la acción en el presente. Esa deuda a James Connolly que estoy ansioso por reconocer.

Fue en la agitación de la huelga de Dublin de 1913 que una vez oí hablar a James Connolly. Todo tipo de personas quisieron dar a conocer sus opiniones sobre la crisis en esos días tremendos, líderes de la Iglesia y el Estado, profesores de universidad, intelectuales y cosas así. Pero nadie dijo nada realmente, pude percibir, excepto Connolly. Lo oí en una reunión a rebosar, y la multitud, impaciente antes de que llegara, le saludó con clamores y gritos de “Murder Murphy[2]. Connolly silenció ese grito inmediatamente. “No le hará ningún daño a él, y a vosotros ningún bien”. Palabras sencillas, pero así como las pronunció sacó la reunión de una rutina moral, justo como cada palabra subsiguiente que dijo la sacó de una rutina intelectual. No perdáis vuestro tiempo, dijo en efecto, discutiendo sobre si esto es un lock-out o una huelga, sobre si los hombres cometieron un error en este punto de las negociaciones o los jefes en aquel. Ved qué está ocurriendo en Dublin siendo, por el momento, el momento culminante en lo que es una crisis de la “civilización” capital-ista. Tratad de comprender la naturaleza de tal crisis y tomad partido por un lado o el otro tal y como os pueda dirigir vuestra conciencia informada.

No he encontrado mejor guía en esta crisis que en los escritos del mismo Connolly y en la literatura con que él había entrenado y alimentado su mente, los clásicos del socialismo. Nunca fui tan inocente como para suponer que esos escritos de Connolly pudieran encontrar una aceptación fácil en Irlanda, y durante años observé su fracaso en hacer frente a las fuerzas que han hecho la lucha nacional irlandesa conspicua por su insensatez. Pero hubo una cierta ocasión después del Tratado[3] en que me pregunté por un breve momento si las autoridades reconocidas en los campos relevantes del conocimiento no estarían a punto de afirmar el derecho a discutir los principios marxistas seriamente. Asistí a una conferencia en University College, de Cork, en la que el profesor James Hogan expuso la concepción materialista de la Historia. Estuvo en ello dos horas y cuarto, un crimen por el que no perdonaría ni tan sólo a un ruso, pero logró ser interesante porque había hecho un esfuerzo verdadero para comprender su materia y explicarla a sus oyentes. Le recuerdo diciendo que sólo había dos teorías de la historia que valiera la pena discutir, la de San Agustín y la De Karl Marx. Incluso añadió que no había decidido en qué lado debía quedarse. Con su libro Could Ireland Become Communist? se quedó. Era algo esperable, y no es ni un lado ni el otro. La lástima de ello es que este libro fuera escrito con tan poco del temperamento científico que distinguió su conferencia.

Es una lástima, porque la substitución del abuso por el argumento en una discusión pública de los principios que Connolly expuso tan bien puede ser un peligro público para el mundo hoy. Guste o no, la sexta parte socialista del mundo es un Estado poderoso en la actualidad. Guste o no, comunistas y socialistas juegan un papel cada vez más importante en los gobiernos en muchos otros países. Guste o no, el socialismo ejerce una enorme influencia sobre las mentes y los corazones de millones de personas en el mundo hoy. No sirve de nada sacar espuma por la boca por ello. Es mejor entenderlo.

Los británicos también tenían historiadores que, como el profesor Hogan, escogieron sacar espuma por la boca en lugar de discutir, y cuando la necesidad de discutir surgió lo hicieron mal. Esto es lo que el último profesor Hearnshaw escribió: “La Revolución rusa fue en efecto poco más que una orgía de saqueo llevada a cabo lenta y sistemáticamente con exhaustividad despiadada y cínico desprecio por todo principio ético, bajo una dictadura de las clases criminales. Su comunismo fue simplemente una pantalla de verborrea marxista que apenas ocultó la fealdad desnuda del individualismo predador – el individualismo perverso y antisocial del ladrón y del asesino. El comunismo de los socialistas marxianos es no otra cosa que el individualismo masificado de una horda de primitivos hombres de las cavernas, o una jauría de lobos húngaros. No es el siguiente paso en una evolución progresiva; es una vuelta a una etapa prehistórica de barbarie y salvajismo.”

Demasiado de este tipo de cosas significó que cuando se deseó escribir historia real, historia suficientemente verdadera y realista para ser guía de acción política, los británicos fueron incapaces de ello. El aclamado triunfo de la historiografía británica justo antes de la guerra fue la History of Europe de Fisher. Allí, leemos: “La revolución de Hitler es una garantía suficiente de que el comunismo ruso no se extenderá hacia el Oeste. La sólida burguesía alemana mantiene agarrada la fortaleza central de Europa. Pero pueden haber secretos en el fascismo o hitlerismo que las democracias de Occidente desearán adoptar sin abandonar su carácter fundamental.” Ese libro fue bestseller en Inglaterra cuando Churchill se dio la mano con Stalin para derribar “la fortaleza central de Europa”. Desde entonces en Inglaterra ciertos distritos muy responsables han aprendido a revertir la melodía de Fisher. El mismo Churchill puede haber actuado por mera conveniencia.

El London Times ha aprendido a pecho la lección de la guerra. Busca, como la condición de supervivencia del pueblo británico, dejar de coquetear con el fascismo y tratar una cooperación seria con el socialismo. En su número del 6 de marzo de 1946, en su primer líder leemos “Mientras democracia occidental y comunismo de estado se oponen en muchos aspectos, tienen mucho que aprender entre sí – el comunismo del funcionamiento de las instituciones políticas, la democracia occidental del desarrollo de planificación económica y social. La guerra ideológica entre democracia occidental y comunismo no puede resultar en una victoria directa para cada lado. La cuestión será determinada no por choques de elocuencia ni por choques de armas, sino por el éxito de las Grandes Naciones al tratar con los problemas de organización social en el sentido más amplio que la guerra ha dejado atrás.” Esas pueden no ser la última palabra en sabiduría, pero no dejan de ser una palabra muy sabia.

El Irish Times, me percato por cierto, aunque es cuidadoso para decir que no está necesariamente de acuerdo con él, ofreció sus columnas a Randolph Churchill, quien dio a los lectores irlandeses una diatriba diaria contra lo que llamaba “comunismo asiático”. Triste de contar, este tipo de insultos engatusan a mucha gente. Para algunas personas asiático es un término agraviante y los imperialistas británicos, con su acostumbrada insolencia, se aprovechan de este prejuicio. Es la gloria del régimen socialista en la U.R.S.S. el no haber hecho distinción entre los pueblos europeos y asiáticos bajo su control, pero sería históricamente incorrecto describir el socialismo de la U.R.S.S. como asiático. Es, por el contrario, el resultado directo y la bella flor de la cultura europea occidental. Será recordado cómo Lenin definió su fuente triple como siendo la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa, y la teoría política francesa junto con su práctica de la revolución. Nada muy asiático aquí.

Puede ser apropiado decir una palabra sobre cómo Marx vino a dirigir su atención a estos diversos campos de estudio. Cuando, como estudiante brillante e infatigable en la universidad, había pasado por la historia del pensamiento humano desde la antigüedad remota hasta Hegel, se quedó con la doctrina hegeliana del Estado como un poder situado encima de la sociedad que aguantaba e incluso mantenía en equilibrio los intereses en lucha. Fue el carácter especial del pensamiento de Marx relacionar teoría y práctica, y Marx no observó que la teoría de la imparcialidad del Estado de Hegel funcionara en la práctica. Por el contrario, el Estado se hacía invariablemente el servidor del interés dominante. En lugar de proteger a los débiles, ayudaba a los fuertes.

La teoría hegeliana del Estado no era un reflejo verdadero de la realidad. Para encontrar una muestra más exacta de las condiciones reales de la sociedad moderna Marx abrazó en sus estudios a economistas ingleses como William Petty, Adam Smith, Ricardo y otros, redactando una crítica de sus opiniones, es decir, una estimación de lo que era válido permanentemente en las teorías de estos grandes fundadores de la ciencia económica. Habiendo llegado así a una comprensión de la naturaleza real de la sociedad y estando comprometido con su mejoramiento, Marx procedió a instruirse a partir de los líderes de aquella nación que había hecho la revolución decisiva contra el feudalismo y que estaba destinada a ser la fuerza revolucionaria dirigente del siglo XIX, la francesa. (La notable excepción es la “Revolución americana” en la que dominaron los oligarcas y los propietarios de esclavos.)

La verdad de esta teoría ha sido imperceptible a la ignorancia, temida por egoísmo, y perseguida por la reacción, pero donde las mentes son libres y desinteresadas, no ha carecido de reconocimiento. Así, el veterano filósofo e historiador italiano Croce escribió: “Un hombre que vuelve al estudio de la historia después de familiarizarse con las teorías de Marx y Engels se encuentra en la misma situación que un hombre miope a quien se le ha dado un par de anteojos. El mundo entero asume de golpe un nuevo aspecto. Muchas cosas que una vez aparecieron como sombras misteriosas asumen formas claramente definidas.” Croce enumera luego las características principales de la concepción materialista de la Historia, lo que él llama “los descubrimientos genuinos que nos posibilitan entender la vida y la Historia.” Aquí hay las cuatro características más importantes:

1. Todas las partes de la vida son mutuamente dependientes las unas con las otras y todas tienen su origen en el subsuelo económico [economic sub-soil].

2. La naturaleza real del Estado, considerado en su desarrollo histórico, es su tendencia a ser una institución para la defensa de la clase dominante en la sociedad.

3. Debemos reconocer que históricamente las opiniones religiosas, legales, políticas y filosóficas que prevalecen de tanto en tanto en la sociedad dependen de intereses de clase y representan las ideas de la clase dominante.

4. De forma general, los grandes períodos históricos se corresponden con grandes períodos económicos. Aunque ideologías políticas, legales y demás pueden influir en la economía, en último análisis son las condiciones económicas aquellas que son decisivas.[4]

A este análisis de Croce podría serle añadido lo siguiente. Los enemigos del social-ismo han señalado este dominio de las condiciones económicas sobre las vidas de los hombres en el pasado como una prueba de que los social-istas niegan la libertad de la voluntad. El social-ismo es la única filosofía que protege adecuadamente la libertad de la voluntad. Aunque reconoce el hecho histórico de que la vida del hombre en el pasado ha estado determinada por las condiciones económicas, el socia-lismo sólo señala cómo el hombre puede llegar a ser amo y no esclavo de su entorno material. El social-ismo no niega que el hombre sea una criatura moral e intencional, sino que, aceptando la teoría de su origen animal, el socialismo lo pone como reto para el historiador para rastrear lo mejor posible los pasos de su transformación en sociedad desde el estado animal hasta el nivel de civilización presente. En esto, como en cada aspecto de sus enseñanzas, el socialismo no es un sistema dogmático cerrado, sino un poderoso ímpeto para una observación fresca y un pensamiento fresco.

Hay un gran precursor de Marx a quien me gustaría dedicar algunas palabras – el pensador napolitano del siglo XVIII Vico. A Vico, más que a cualquier otro hombre le debemos la emergencia de la idea de una Historia puramente humana, Historia interpretada por la actividad del hombre mismo. Sería una buena base para la apreciación del desarrollo del sentido histórico leer sucesivamente la Ciudad de Dios de Agustín, la Ciencia Nueva de Vico (la cual tras doscientos años se publica ahora en inglés por vez primera) y El Capital de Marx. Vico marca una nueva época en el desarrollo del concepto de Historia. Durante la Edad Media la Historia humana fue engullida por concepciones teológicas, pero la crisis en el Cristianismo llamada Reforma produjo el inicio de la curiosidad histórica. Los reformadores trataron de hacer buena su exhortación de que la Iglesia se había corrompido reviviendo el conocimiento de los primeros siglos de la Iglesia y, por tanto, el materialismo teológico de las economías basadas en la esclavitud. Ésta y otras fuentes produjeron en los siglos XVI y XVII esfuerzos profundos para comprender la historia de la sociedad humana a través de la historia de las instituciones en las que se expresa la vida de la sociedad. Los nombres de Grocio, Selden, Pufendorf, Hobbes, Bacon son representativos de este esfuerzo hacia la Historia y fueron reconocidos como sagrados y profanos a la vez, y el elocuente teólogo francés Bossuet fue el autor del dicho de que “Dios hizo la historia sagrada, pero el hombre hizo la historia profana”.

Pero el proceso por el cual el hombre hizo historia era muy oscuro antes de Vico. Grandes pensadores como los que he mencionado, considerando al hombre en su naturaleza esencial como un animal racional, miraban al designio racional de los grandes legisladores, al origen de las instituciones humanas. Vico fue el primero en aferrar la verdad de que los inicios de las instituciones humanas eran el trabajo de los hombres en una etapa salvaje del desarrollo tanteando después de la satisfacción de sus necesidades inmediatas y transformándose ellos mismos en el proceso. Vio no sólo que el hombre hace su propia historia, sino que se hace a sí mismo en el proceso. Propósito claro y designio racional no son el inicio del proceso histórico, sino su fruto.

La grandeza de Vico está hoy ampliamente reconocida, pero se está también empezando a reconocer que el destino de su pensamiento, como el de muchas otras corrientes de pensamiento fructíferas y fertilizantes, debe ser absorbido por el gran río del social-ismo. Marx aceptó de Vico la idea de que el hombre hace su propia historia, de que la hace por un proceso de prueba y error, llegando a resultados que no ha deseado por caminos que no ha previsto, y que en el proceso de realización de su historia el hombre continuamente se rehace a sí mismo. Pero enriqueció inmensamente la concepción de Vico revelando, como hemos visto en la cita de Croce, cómo todas las instituciones del hombre crecen del subsuelo económico, relacionando las formas cambiantes de la sociedad.

Permítasenos ilustrar estas ideas con un ejemplo. En Grecia en el siglo V el nivel de eficiencia técnica en la producción era tal que los esclavos, de poder ser obtenidos, valdría la pena, porque podían producir suficiente como para mantenerse a sí mismos y a sus amos. El nivel de eficiencia naval y militar era tal en comparación con sus vecinos bárbaros que el secuestro de esclavos era una empresa manejable. Por lo tanto, las ciudades-estado griegas comenzaron a resolver cada vez más sus problemas de trabajo a partir del uso de esclavos. Entonces sus filósofos empezaron a pensar que la esclavitud era la constitución divinamente ordenada de la sociedad humana, con el resultado final que los predicadores reaccionarios en el Dublin del siglo XX, ignorantes e indiferentes al modo de formación de ideas (e instituciones), usan las opiniones de filósofos paganos poseedores de esclavos del siglo IV a.C. para perpetuar la cruel injusticia de la esclavitud asalariada.

Pero volvamos a lo que Marx hizo de Vico. En una nota al pie al capítulo sobre la Maquinaria y la Industria Moderna en su Capital Marx tiene esta referencia a Vico: “Darwin nos ha interesado en la historia de la tecnología de la naturaleza, esto es en la formación de los órganos de plantas y animales, órganos que sirven a los animales como instrumentos de producción para sustentar la vida. ¿No merece la historia de los órganos productivos del hombre, de los órganos que son la base material de toda organización social, igual atención? ¿Y no sería tal historia más fácil de ser compilada, dado que, como dice Vico, la historia humana difiere de la historia natural en que el  hombre ha hecho la historia humana pero no la naturaleza? La tecnología revela el modo de relacionarse del hombre con la naturaleza, el proceso de producción a partir del cual mantiene y sustenta su vida, y así pone también al descubierto el modo de formación de sus relaciones sociales, y luego de las concepciones mentales que surgen de estas relaciones. Cada historia, incluso de la religión, que fracase en tener en cuenta esta base material, es acrítica.”[5]

 


[1] Traducción de Gerard Marín Plana a partir de la transcripción del original con prefacio y edición de Tadit Anderson, disponible en http://economics.arawakcity.org/node/1155.

[2]Se referían a William Martin Murphy (1845-1919), poderoso hombre de negocios, editor de prensa y político de la época que en esos momentos comandaba una represión sangrienta contra el movimiento sindical encabezado por Connolly y Jim Larkin. [Nota de trad.]

[3]Puede suponerse que Farrington se refiere al Tratado firmado el 6 de diciembre de 1921 entre el Gobierno británico y la República irlandesa por el que se puso fin a la guerra anglo-irlandesa y se estableció el Estado Libre Irlandés. [Nota de trad.]

[4] Estas ideas de Croce pueden encontrarse en su obra Historical Materialism and The Economics of Karl Marx. Disponible on-line en: http://home.lu.lv/~ruben/Croce,%20Benedetto%20-%20Historical%20Materialism%20And%20The%20Economics%20Of%20Karl%20Marx.pdf. [Nota de trad.]

[5] Esta nota al pie se encuentra al inicio del Capítulo XIII del primer Tomo (Sección cuarta: “La producción de la plusvalía relativa) de El Capital. [Nota de trad.]



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