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¿Necesitamos un Sacristán esencial?

Manuel Sacristán Luzón (1925-1985), 33 años después

Salvador López Arnal 28/08/2018
 



Para los lectores y estudiosos de la obra del traductor de El capital. Para seguir tejiendo entre todos y todas sus finalidades de equidad y fraternidad.

Para Antonio Rosa, cuyo generoso trabajo, siendo entonces estudiante de bachillerato, fue absolutamente imprescindible para que Acerca de Manuel Sacristán viera la luz

 

Aprender filosofía es sobre todo aprender a filosofar y enseñarla enseñar a filosofar.

Manuel Sacristán, 1959

 

No se entiende el mundo sin Marx.

Clara Ramas San Miguel, 2018

 

 

Temprano, muy temprano, levantó la muerte el vuelo aquella calurosa mañana [1]. En un día como hoy -27 de agosto- de hace 33 años fallecía Manuel Sacristán, un maestro, un verdadero maestro de varias generaciones de universitarios y ciudadanos-trabajadores. Durante esos días de agosto se vio  en varias ocasiones, en la casa familiar de Diagonal, con uno de sus grandes amigos: Eduard Rodríguez Farré. Su pasión compartida por la ciencia, el rigor, la lucha antinuclear y la República les unía.

Tres días antes que nos dejara, había escrito la que probablemente fue su última carta. Está dirigida al entonces preso -en la cárcel de Soria- Félix Novales Gorbea. Conviene recordarla. Es una magnífica ilustración de su enorme capacidad analítica, de su humanismo comunista, de sus opciones y gustos filosóficos, de su pulsión autocrítica (central desde 1968, desde la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia), de su indignación ininterrumpida ante todo tipo de injusticias y de su realismo político esperancista, siempre alejado de entreguismos, claudicaciones y de fáciles y alocadas ensoñaciones. Decía así:

Apreciado amigo,

Me parece que, a pesar de las diferencias, ninguna historia de errores, irrealismos y sectarismos es excepcional en la izquierda española. El que esté libre de todas esas cosas, que tire la primera piedra. Estoy seguro de que no habrá pedrea.

Si tú eres un extraño producto de los 70, otros lo somos de los 40 y te puedo asegurar que no fuimos mucho más realistas. Pero sin que con eso quiera justificar la falta de sentido de la realidad, creo que de las dos cosas tristes con las que empiezas tu carta -la falta de realismo de los unos y el enlodado de los otros- es más triste la segunda que la primera. Y tiene menos arreglo: porque se puede conseguir comprensión de la realidad sin necesidad de demasiados esfuerzos ni cambiar de pensamiento; pero me parece difícil que el que aprende a disfrutar revolcándose en el lodo tenga un renacer posible. Una cosa es la realidad y otra la mierda, que es sólo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no sólo intelectualmente [el énfasis es mío] (Por cierto, que, a propósito de eso, no me parece afortunada tu frase “reconciliarse con la realidad”: yo creo que basta con reconocerla: no hay por qué reconciliarse con tres millones de parados aquí y ocho millones de hambrientos en en Sahel, por ejemplo. Pero yo sé que no piensas que haya que reconciliarse con eso).

 

Sobre la cuestión del estudio de la historia, tema de otra carta de Félix Novales, Sacristán le comentaba lo que ya le había señalado.

A principios de septiembre podré hablar con [Josep] Fontana, que estará aquí, y comentaremos el asunto. No tienes que temer en absoluto que, porque esté preso, no te vaya a decir lo que piensa. Fontana es un viejo militante, ahora sin partido, como están los partidarios de izquierda con los que él tuvo y tiene trato, pero no se despistará al respecto.

Tu mención del problema bibliográfico en la cárcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fácil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algún número de la revista [mientras tanto] que saca el colectivo en que yo estoy. Pero es muy posible que otras cosas te interesen más: dilo.

Por último, si pasas a trabajar en filosofía, ahí te puedo ser útil, porque es mi campo (propiamente, filosofía de la ciencia, y lógica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).

Con  amistad,  Manuel Sacristán

 

El autor de El orden y el tiempo, sabido es, no aceptó hasta el final de sus días esa parte de la realidad compuesta por los que se reconcilian, con réditos sustantivos en muchos casos y ascensos muy bien remunerados, con el mundo, grande y terrible dirá Gramsci (uno de sus mayores referentes político-filosóficos y vitales [2]), de la injusticia, la explotación y la opresión.

Por ello, y por mil razones más, no ha habitado nuestro olvido en su obra. Desde luego que no.

 

Para muchos historiadores y pensadores, también para mí, el traductor de Quine, Platón, Marcuse y Lukács, ha sido uno de los grandes filósofos españoles y europeos de la segunda mitad del siglo XX y, probablemente, el filósofo comunista español con mayor y más profundo conocimiento de la obra de los clásicos de la que fuera su tradición principal, no única (también de pensadores heterodoxos de diversas tendencias marxistas), una tradición que él cultivó siempre, desde su regreso del Instituto de Lógica y Fundamentos de la Ciencia de Münster en Westfalia y desde los inicios de su militancia clandestina en las filas -entonces muy poco pobladas y duramente perseguidas por el fascismo- del PCE-PSUC, de forma muy singular, siempre rigurosa, muy informada, penetrante y fructífera. A su marxismo se le notó siempre sus saberes y afición por la lógica matemática y la filosofía e historia de la ciencia (Carnap, Quine, Taton, Bunge).

Se han publicado varias obras suyas después de su fallecimiento. Juan-Ramón Capella editó en 1987 (reeditada en 2009 por Icaria-Público) una amplia antología de sus últimos escritos: Pacifismo, ecologismo y política alternativa. Su hija, Vera Sacristán, publicó en 1995 Lógica elemental, con prólogo de Jesús Mosterín, amigo suyo, su segundo libro de lógica (el título puede generar alguna confusión, “elemental” es en este caso un término técnico: Sacristán desarrolla en esta obra, fundamentalmente, la lógica proposicional y la lógica cuantificacional de primer orden, ambas forman lo que lógicos llaman “la lógica elemental”). Pere de la Fuente coeditó en Destino, en 1996, con la ayuda esencial de Antonio Rosa (entonces un joven estudiante de bachillerato del Instituto Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet, Barcelona), un libro que tuvo cierto recorrido y que contiene en su primera parte la mayor parte de las entrevistas que se le hicieron al autor de “Panfletos y Materiales”: Acerca de Manuel Sacristán (Francisco Fernández Buey coeditó años después ese conjunto de entrevistas en un libro editado por los Libros de la Catarata que contiene un prólogo deslumbrante, en mi opinión, de su exclusiva autoría). Albert Domingo Curto, también un profundo conocedor de su obra, ha escrito numerosos artículos y comunicaciones sobre ella, ha editado, presentado y anotado dos libros suyos: El orden y el tiempo, su presentación interrumpida (en el momento de la detención de Gramsci) a su muy influyente Antología de Gramsci editada por Siglo XXI (recientemente reeditada por Akal) y Lecciones de filosofía moderna y contemporánea, un denso (y tal vez poco difundido y conocido) ensayo filosófico que recoge, excelentemente anotados, 18 escritos sacristanianos de épocas diversas. Desde la voz “Libertad” de 1951 hasta “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, un extenso trabajo que escribió durante su estancia en la UNAM durante el curso 1982-83 [3].

 

La editorial de El Viejo Topo por su parte, ha publicado cinco libros suyos más, con prólogos y epílogos de estudiosos de su obra (Riechmann, Tello, Barceló, Carpintero, Monereo, Candel, Ovejero, Monleón Pradas): M.A.R.X, Escritos sobre El capital y textos afines, Seis conferencias, Sobre dialéctica y Sobre Gerónimo. Está pendiente de publicación (se ha anunciado para este próximo otoño, lo coedita Jordi Mir Garcia) un nuevo libro con textos de suyos y de Paco Fernández Buey: Sobre movimientos sociales alternativos.

 

Sus discípulos y amigos más cercanos nos ha dejado aproximaciones imprescindibles para conocer su obra y su vida. Juan-Ramón Capella, por ejemplo, aparte de artículos y bibliografías esenciales, publicó una biografía política en Trotta en 2005; Francisco Fernández Buey no cesó de escribir sobre él y su obra (la editorial del Viejo Topo publicó una amplia antología de esos escritos: Sobre Manuel Sacristán, con un documental -”Filosofando desde abajo”-, interesante donde los haya, realizado por Xavier Juncosa). Lo mismo puede decirse de Antoni Domènech, Joaquim Sempere, Félix Ovejero, Miguel Candel, Víctor Ríos, Jacobo Muñoz, Alfons Barceló, Enric Tello, Pilar Fibla, Rafael Grasa, Francesc X. Pardo, María Rosa Borràs, M.E. Aubet, Ernest García, Manolo Monereo, Joaquín Miras, Joan Tafalla,... Me dejo nombres.

También han escrito en torno a él y aquellos duros años cuarenta y cincuenta del pasado siglo amigos suyos de juventud como, entre muchos otros, Esteban Pinilla de las Heras (y su imprescindible En menos de libertad), Josep Maria Castellet, Josep Fontana, Francesc Vicens, Francesc Vallverdú y, especialmente, Juan Carlos García Borrón (sería interesantísimo conocer la correspondencia entre ambos durante la estancia de Sacristán en el Instituto de Lógica de Münster).  Igualmente, con resultado diverso en mi opinión, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Arnau Puig y Joan Ferrater.

Tampoco sería justo olvidar los trabajos y notas de -doy sólo algunos nombres- Jordi Torrent Bestit, José María Valverde, Manuel Monleón Pradas, Fernando G. Jaén, Antonio Izquierdo, Óscar Carpintero, Montserrat Galcerán (fue compañera suya en la UB), Gabriel Vargas Lozano (uno de sus entrevistadores para Dialéctica), Francisco Vázquez, Vicente Romano (compañero suyo en Münster y en el PCE), Josep M. Fradera, Fernando Broncano, Álvaro Ceballos, Carlos Piera (que le ha dedicado algún poema), Joan Martínez Alier, José María Ripalda, Javier Muguerza, Manuel Cruz, Adolfo Sánchez Vázquez, Manuel Vázquez Montalbán, Albert Corominas, Xavier Folch, César Rendueles, Ignacio Perrotini, Joan Pallisé, Pedro Ribas, Jaume Botey, Rosa Regàs, Castilla del Pino, Christian M. Martín Rubio, Laureano Bonet, Emilio Lledó o Rosa Rossi. Constantino Bértolo, en la presentación -“El misterio de Marx”- de su amplia y erudita antología de la obra de Marx -Llamando a las puertas de la revolución-, da cuenta de la decisiva importancia que Sacristán ha tenido en el conocimiento de la obra de Marx en nuestro país.

La obra del ecologista, poeta, traductor, activista y profesor Jorge Riechmann, que le ha dedicado también más de un poema, está llena de artículos, referencias y aproximaciones a la obra de Sacristán, alguien que para él, lo ha dicho en reiteradas ocasiones, ha sido también uno de sus grandes maestros al lado de René Char y John Berger (y añado yo en este caso: Paco Fernández Buey).

Por su parte, Luis Vega Reñón, Paula Olmos y Jesús Mosterín han escrito páginas decisivas sobre su obra lógica y epistemológica. Algunos de estos materiales están recogidos en Donde no habita el olvido, Editorial Montesinos, 2005, un libro coeditado entre otros por Pere de la Fuente, Manel Pau y Albert Domingo.

 

No han sido tan sólo discípulos, amigos de juventud, compañeros o colegas filósofos. Sin poder citar todos los nombres, presento un breve resumen (se me disculparán las ausencias).

El profesor y activista Miguel Manzanera realizó un descomunal trabajo de documentación (que nunca será suficientemente reconocido) en los archivos del PCE, del PSUC y de Francesc Vicens para su tesis doctoral, dirigida por José María Ripalda (otro de los grandes conocedores de su obra), hallando numerosos textos inéditos de la militancia clandestina del que fuera miembro del comité central del PCE. La huella de Sacristán puede verse también en otros ensayos suyos. Por ejemplo, Atravesando el desierto. Balance y perspectivas del marxismo en el siglo XXI.

Casi lo mismo puede decirse de Giaime Pala en su investigación sobre la historia del PSUC en los años sesenta, una tesis doctoral dirigida por Francisco Fernández Buey. Su reciente libro, Cultura clandestina. Los intelectuales del PSUC bajo el franquismo (Comares, Granada, 2016) es una clara muestra de su profundo conocimiento de la obra del editor de las OME.

Gregorio Morán habló también de algunos de los trabajos de Sacristán en su reconocido, influyente y extenso ensayo: Miseria y grandeza del PCE (1939-1985), reeditado por Akal con notas complementarias (y valientemente autocríticas en lo que respecta a algunas afirmaciones suyas sobre el que fuera miembro del comité ejecutivo del PSUC) con el título Miseria, grandeza y agonía del PCE.

De hecho, ya en abril de 1985, Jorge Vital de Brito Moreira (su interés y conocimiento de la obra de Sacristán ha permanecido y se ha incrementado a lo largo de estos años) escribió una tesis dirigida por el profesor Severo de Salles, la primera hasta entonces, para la obtención del grado de maestría en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM centrada en la obra de Sacristán en su primera parte: “Ciencia, concepción del mundo y programa en el marxismo”.

Dos nuevas tesis, estas más recientes, se han vuelto a ocupar de la obra del traductor del Anti-Dühring desde diferentes perspectivas. La tesis del doctor José Sarrión (que ha sido publicada posteriormente en libro: Dykinson, Madrid, 2017) versa sobre la noción de ciencia en Sacristán y fue dirigida por Francisco José Martínez, autor del epílogo del ensayo. La tesis de la doctora María Francisca Fernández Cáceres, que también merece ser publicada, dirigida por otro gran estudioso de la obra del autor de “Panfletos y Materiales”, José Luis Moreno Pestaña (véase entre otras aproximaciones: La normade la filosofía. La configuración del patrón filosófico español tras la guerra civil), tiene por título: “El patrimonio intelectual español. Un acercamiento desde la figura de Manuel Sacristán Luzón”.

El filósofo de derecho, actual profesor de la UNAM, Pau Luque, también escribió años atrás sobre la obra de Sacristán y su concepto de la filosofía y el filosofar en un trabajo de investigación dirigido por Francisco Fernández Buey.

Filósofos más jóvenes -es muy importante que no haya saltos generacionales sin continuidades y transmisiones- han estudiado, pensado y escrito sobre él. La lista es extensa. Pueden verse sus nombres y algunas de sus aportaciones en un interesante libro editado por Jacobo Muñoz y Francisco José Martínez en 2017 con el título (que habría encantado al filósofo estudiado y homenajeado) Manuel Sacristán. Razón y emancipación.

Es prácticamente imposible encontrar un filósofo o intelectual español informado, marxista o no, que no cite la obra de Sacristán, también su praxis y su ejemplo, con reconocimiento y admiración. Existen excepciones: Francesc-Marc Álvaro y Josep Termes por ejemplo. Significativas.

Es justo destacar también su inconmensurable tarea socrático-traductora, en el buen decir de Joaquim Sempere: ¡más de 30.000 páginas traducidas! Del alemán (cinco mil de ellas de obras de György Lukács, a pesar de como él mismo dijo alguna vez no fue un filósofo lukácsiano), del griego clásico, del francés, del inglés, del italiano, del latín y del catalán (recordemos, por ejemplo, sus interesantes e influyentes trabajos sobre la obra de Joan Brossa y Raimon. El primero mereció elogios de Antoni Tàpies; el segundo de Ricard Salvat y del propio interesado).

Tres referencias complementarias son de cita obligada:

1. El imprescindible, inolvidable, casi imposible y más que meritorio trabajo del director Xavier Juncosa (y del profesor y ex alumno de Sacristán Joan Benach) que dio pie a “Integral Sacristán”, ocho documentales sobre su vida y su obra (también sobre Giulia Adinolfi y sobre la estancia del autor en México en el curso 1982-1983).

2. La reciente traducción de Renzo Llorente, editor, presentador y anotador también, de una amplia e informada antología de los escritos marxistas de Sacristán al inglés para la editorial Brill: The Marxismo of Manuel Sacristán. From Comunism to the New Social Movements. Un trabajo sobresaliente en mi opinión.

3. No deben olvidarse tampoco las jornadas organizadas en la Universidad de Barcelona en 2005, en el 20º aniversario de su fallecimiento. Contaron con la presencia de muchas de las personas citadas. Víctor Ríos impartió la lección inaugural. Para todo aquello fue absolutamente imprescindible el trabajo, la entrega, la dedicación de Iñaki Vázquez Álvarez. El mismo fue coeditor de un “Viejo Topo” especial dedicado a Sacristán y de un libro que recoge las intervenciones de aquel encuentro: El legado de un maestro, un ensayo publicado por el Viejo Topo y la FIM, la Fundación de las Investigaciones marxistas, alma también de aquel homenaje.

Más ejemplos podrían citarse; muchos más. Se disculparán por los olvidos. Forman parte de la cara A, la más destacada, la más importante, la más representativa de la situación.

 

Pero hay también una cara B que conviene comentar. En esta cara, menos positiva, destacaría un hecho singular: es muy difícil encontrar a día de hoy un libro de Sacristán (o incluso un ensayo sobre su obra) en las novedades o en el fondo de ninguna de las grandes (o menos grandes) librerías de las ciudades y pueblos españoles (y también de países latinoamericanos). Muy difícil por no decir imposible. Está también el hecho de que no se imparten muchos cursos sobre la obra del  estudioso de Quine y Hermes en las facultades universitarias españolas (o hispanoamericanas o de cualquier otro país), en centros culturales alternativos, en escuela de verano o en centros cívicos por ejemplo. Sí, a veces, en escuelas de formación; el PCE es un ejemplo muy destacado en este punto. José Sarrión ha impartido varios seminarios en estas reuniones.

Sugiero por tanto, esta es la finalidad central de esta nota, que la edición de un libro básico, de un Sacristán esencial, podría evitar la primera anomalía (como mínimo durante un cierto tiempo) y ayudar lo suyo en la segunda arista, en la de los cursos de introducción y profundización, especialmente para los lectores más jóvenes (o no tan jóvenes). En general, para las personas que hasta el momento no han podido acceder a su obra.

¿Qué compondría ese Sacristán esencial, a poder ser presentado, anotado y contextualizado con lenguaje sencillo y comprensible y sin excesiva carga filosófica erudita?

Varias alternativas son posibles. Sin ningún ánimo de “totalidad”, algunas posibilidades (siempre revisables) podían ser las siguientes:

1. Un Sacristán esencial (y breve) sobre Marx podría estar formado por cinco ensayos suyos: su voz “Karl Marx” de 1967, su biografía de Marx para Salvat de 1974, “¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?” de 1983, y dos de sus grandes trabajos de investigación: “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia” (1978), incluido el coloquio de la conferencia, y “Karl Marx como sociólogo de la ciencia” (1983).

2. Un Sacristán esencial (que no debería ser extenso en demasía) sobre la tradición marxista podría incluir los trabajos anteriormente citados (menos el primero), más su prólogo del Anti-Dühring; su reseña de La destrucción de la razón de Lukács: “Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo en Lukács” (también tal vez su penúltima conferencia “Sobre Lukács” de abril 1985); la entrevista para Cuadernos para el diálogo de 1969: “Checoslovaquia y la construcción del socialismo”; “El diálogo: consideración del nombre, los sujetos y el contexto”; “El filosofar de Lenin” (con anotaciones complementarias sobre algunas de las obras leninistas); “Russell y el socialismo”, un texto injustamente poco estudiado; “Sobre el estalinismo”, una conferencia de 1978; el prólogo de ¿Comunismo sin crecimiento?, de su compañero Wolfgang Harich; algunos de los trabajos recogidos en Sobre dialéctica (por ejemplo, su conferencia de 1973 sobre el tema, incluido el coloquio); “La universidad y la división del trabajo”, uno de sus clásicos; “A propósito del eurocomunismo” (uno de sus textos políticos centrales); la entrevista que Jordi Guiu y Antoni Munné le hicieron para El Viejo Topo (inédita hasta 1996); sus conversaciones con las revistas mexicanas Dialéctica y Naturaleza, y, finalmente, su presentación del undécimo cuaderno de la cárcel de Gramsci.

3. Un Sacristán esencial como filósofo incluiría una gran parte de los textos que ahora pueden leerse en Papeles de filosofía más algunos textos complementarios. Un posible selección (que convendría reducir): “Libertad”, “Simone Weil”, “Personalismo”, “Kant”, “Homenaje a Ortega”, ”Hay una buena oportunidad para el sentido común”, “Sobre el Ars Magna de Ramon Llull”, “Lógica formal y filosofía en la obra de Heinrich Scholz”, “Sobre el realismo en arte”, “El hombre y la ciudad (Una consideración del humanismo, para uso de urbanistas)”, “Studium Generale para todos los días de la semana”, el coloquio de “Irracionalismo y hombre nuevo”, “Algunas actitudes ideológicas ante la ciencia”, “Sobre el Calculus universalis de Leibniz en los manuscritos 1-3 de abril de 1679”, “El principio de la identidad de los indiscernibles en Leibniz”, “De la idealidad del derecho”, “Al pie del Sinaí romántico”, “Un problema para tesina de filosofía”, “Un apunte acerca de la filosofía como especialidad”, “Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores”, “Alienación”, la ficha para la proyección del “Galileo” de L. Cavani, “Sartre desde el final” (o bien “Homenaje a Jean Paul Sartre”), “La ecodinámica de K.E. Boulding” y “Sobre los problemas recientemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales”.

4. Un Sacristán esencial como metodólogo-filósofo de la ciencia podría incluir sus apuntes de “Fundamentos de filosofía” de 1959  y la transcripción de sus clases de Metodología de las ciencias sociales del curso 1981-82 o de 1983-84 (realizada esta última por el profesor Joan Benach). También conferencias como “Formalismo y ciencias humanas” y los dos últimos textos citados en el apartado anterior.

5. Un Sacristán esencial como ecologista podría incluir: la conferencia “De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia” (inédita), “Comunicación a las Jornadas de Ecología y política”, “La situación política y ecológica en España y manera de acercarse a críticamente a esta situación desde una posición de izquierdas”, “Las centrales nucleares y el desarrollo capitalista”, “La función de la ciencia en la sociedad contemporánea”, “¿Por qué faltan economistas en el movimiento ecologista?“ (incluido el coloquio), la entrevista con la revista mexicana Naturaleza, su prólogo a ¿Comunismo sn crecimiento?, “Algunos atisbos político-ecológicos en Marx”, “La tradición marxista y los nuevos problemas”, “La polémica sobre el crecimiento tiene dos caras”, y su última conferencia, “Introducción a los movimientos sociales”.

6. Un Sacristán esencial desde el punto de vista de sus intervenciones políticas podría incluir una parte de la documentación de su militancia clandestina (la incluida como anexo en la tesis doctoral de Miguel Manzanera), algunas de sus conferencias inéditas (el guión en la mayoría de las ocasiones), “Entrevista con Escuela 75”, “Entrevista con Nous Horitzons” (revista de la que fue director clandestino), algunas cartas publicadas en Materiales y mientras tanto, una selección de los escritos incluidos en Pacifismo, ecologismo y política alternativa, y, de forma destacada, “Checoslovaquia y la construcción del socialismo”, “Sobre el estalinismo” y “A propósito del eurocomunismo”.

7. Un Sacristán esencial sobre Heidegger (que no sería propiamente un “Sacristán esencial” tal como aquí se viene usado la expresión) debería contener la presentación que escribió Francisco Fernández Buey para la reedición por Crítica de su tesis doctoral y su artículo de Laye de 1953, “Verdad: desvelación y ley”; Las ideas gnoseológicas de Heidegger; sus aproximaciones a Heidegger en sus artículos enciclopédicos de 1958 (“La filosofía desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958”, Enciclopedia Espasa Calpe) y 1968 (“Corrientes principales del pensamiento filosófico”, Enciclopedia Labor); su “Martin Heidegger” (Enciclopedia Espasa, suplemento de 1980, escrito probablemente algo antes) y las referencias a Heidegger en sus clases de “Metodología de las Ciencias Sociales” de 1981-82 y 1983-84.

8. Un Sacristán esencial sobre Gramsci incluiría las páginas a él dedicadas en su trabajo sobre la filosofía hasta 1958, “La formación del marxismo de Gramsci”, la presentación, notas e índices (con selección) de la Antología, El orden y el tiempo, la voz “Antonio Gramsci” publicada en el Diccionario de Filosofía editado por D. Runes (Sacristán coordinó la traducción con aportaciones propias), una entrevista sobre Gramsci, el esquema desarrollado de alguna conferencia, y uno de sus últimos textos, antes citado, la presentación del undécimo Cuaderno de la cárcel (traducido por su discípulo y amigo Miguel Candel).

9. Un Sacristán esencial sobre Simone Weil, un libro breve, podría reunir sus cinco reseñas, las publicadas en Laye y en Papeles de filosofía, y las voces “Personalismo” y “Simone Weil”

10. Un Sacristán esencial más general, no seleccionado temáticamente, la propuesta más arriesgada, la que mostraría su dimensión más poliédrica, podría incluir los siguientes escritos (entre los que habría que seleccionar de nuevo): “Homenaje a Ortega”, “Tres grandes libros en la estacada”, “Una lectura del Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio”, la conferencia “Formalismo y ciencias humanas”, “Studium Generale para todos los días de la semana”, “La veracidad de Goethe” (o “Heine, la consciencia vencida”), “Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo en Lukács”, “Checoslovaquia y la construcción del socialismo”, “La universidad y la división del trabajo”, “Sobre el Calculus universalis de Leibniz en los manuscritos 1-3 de abril de 1679”, “La práctica de la poesía (Joan Brossa)”, “Sobre el estalinismo”, alguno de sus informas editoriales (sobre Eliseo Bayo o Julio Álvarez del Vayo), “Intoxicación de masas, masas intoxicadas”, “En la edición castellana del libro de W. Harich:¿Comunismo sin crecimiento?”, entrevistas con Naturaleza y Dialéctica, “De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia”, “La función de la ciencia en la sociedad contemporánea”, “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, “Tradición marxista y nuevos problemas”, “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, “La OTAN hacia dentro” y la “Presentación del undécimo Cuaderno de la cárcel de Gramsci”.

 

Las propuestas son diversas pero no son contradictorias, tal vez complementarias en algunos casos. Habría que elegir con prudencia y teniendo en cuenta la finalidad más básica. Varios Sacristanes esenciales son posibles en función de la finalidad perseguida.

Quedaría pendiente, por ahora, una edición cuidadas de sus “Obras completas”, incluyendo inéditos.

 

Sea como fuere, conviene pensar sobre todo en las personas más jóvenes, en las personas que no le conocieron ni han conocido a ninguno de sus grandes discípulos, en quienes quieren adentrarse en su obra por primera vez, a veces con ayuda, a veces sin poder tenerla. Un seminario en la red sobre alguno de sus textos más significativos (o algunas de sus entrevistas), abierto a todas las personas interesadas, podría ser una ayuda complementaria. Muchas personas podrían coordinarlo. Cito algunos nombres: José Sarrión, Joaquín Miras, Miguel Candel, Montserrat Galcerán, José Luis Moreno Pestaña, Juan-Ramón Capella, M.ª Francisa Fernández Cáceres.

Si tal cosa no fuera posible, no pasaría nada grave e irreparable. En la red pueden encontrarse a día de hoy algunas (no todas) de sus aportaciones más importantes. Barro para casa: en rebelión por ejemplo. Podemos pensar en futuros escenarios que posibiliten una mayor presencia en librerías y en cursos.

Lo decisivo: leerle, estudiarle, y hacer lo que él hizo: pensar los clásicos, él ya lo es, con nuestra propia cabeza, sin genuflexiones acríticas y para nuestro tiempo y nuestros problemas (no muy distantes de los suyos por otra parte). El mismo Sacristán definió el marxismo en una ocasión en los siguientes términos (¡en un trabajo para una Enciclopedia en 1968!): “El autor de este artículo [MSL], por su parte, he negado que pueda hablarse de filosofía marxista en el sentido sistemático tradicional de filosofía, sosteniendo que el marxismo debe entenderse como otro tipo de hacer intelectual, a saber, como la conciencia crítica del esfuerzo por crear un nuevo mundo humano” [el énfasis es mío].

En eso estuvo, en eso estuvimos, en la creación de un nuevo mundo humano cada día más urgente y necesario. En eso mismo podemos (y debemos) seguir estando.

 

Notas.

1) El 20 de mayo de 1976, cuando apenas hacía medio año del fallecimiento de aquel criminal dictador golpista que pretendió dejarlo todo atado y bien atado, se celebró en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona un acto de homenaje a Miguel Hernández, en el XXXIV aniversario de su terrible muerte. Vicky Peña fue de las organizadoras.

Sacristán fue invitado al encuentro pero no pudo asistir finalmente si bien escribió un texto para el homenaje (leído tal vez por Mario Gas). Es este:

Tiene que haber varias razones de la respuesta excepcional, en intensidad y en extensión, que está recibiendo la iniciativa de la conmemoración de Miguel Hernández. Algunas de esas razones serán compartidas por todo el mundo, y del mismo modo, más o menos; por ejemplo, la autenticidad de la poesía de Hernández, en la que, si se prescinde de algunos ejercicios de adolescencia, no se encuentra una palabra de más. Otras motivaciones serán menos generales. La mía es la verdad popular de Hernández: no sólo de su poesía, en el sentido de los escritos suyos que están impresos, sino de él mismo y entero, de los actos y de las situaciones de los que nació su poesía, o en los que se acalló.

Al decir eso pienso, por ejemplo -pero no solamente- en aquella fatal indefensión de Hernández en su cautiverio. Hernández fue un preso del todo impotente, sin enchufes, sin alivios, sin más salida que la destrucción psíquica y la muerte, como sólo lo son (con la excepción de dirigentes revolucionarios muy conocidos por el poder) los oprimidos que no someten el alma, los hombres del pueblo que no llegan a asimilarse a los valores de los poderosos, aunque sea por simple incapacidad de hacerlo y no por ninguna voluntad histórica. O por ella, naturalmente.

Las últimas notas de Hernández que ha publicado hace poco la revista Posible [6] documentan muy bien el aplastamiento moral que acompaña a la destrucción física del hombre del pueblo sin cómplices y, por lo tanto, sin valedores en la clase propietaria del estado, de las fábricas y de las cárceles.

La autenticidad popular de la poesía madura de Hernández es tan consistente porque se basa en esta segunda, en la autenticidad popular del hombre muerto, como el Otro, entre dos o más chorizos, y como ellos.

 

El texto emocionó e impresionó siempre a Paco Fernández Buey. Lo eligió para la contraportada de un mientras tanto especial dedicado a la obra de su amigo en el décimo aniversario de su muerte.

2) Giulia Adinolfi, su primera esposa, y Ettore Casari, amigo y compañero en Münster, fueron esenciales en su conocimiento y aproximación al revolucionario sardo.

3) En México se publicó como libro y apareció posteriormente en mientras tanto, en el especial dedicado a Marx en 1983, en el primer centenario de su fallecimiento.

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