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Para leer el Manifiesto Comunista (II)

Salvador López Arnal 31/01/2010
 

Manuel Sacristán Luzón (1925-1985), 25 años después. Materiales en la red

Para leer el Manifiesto Comunista (II)

Referencia: http://manuelsacristan.blogspot.com/2009/11/msl-per-llegir-el-manifest-comunista.html

Después del material de 1956-1957, no volvió a escribir Sacristán con cierto detalle sobre el Manifiesto Comunista hasta unos diez años más tarde.

Fue en 1967 cuando colaboró con tres entradas en la edición castellana de la Enciclopedia Larousse: “Materialismo”, “Lógica formal” y “Marx” [1]. Había en esta última voz una breve referencia al Manifiesto al referirse a las obras en las que Marx había ido formulando por primera vez las ideas nucleares del materialismo histórico:

[…] En 1845 Marx tuvo que abandonar París. Pasó a Bruselas y en 1847 a Londres. De este período son las obras en las cuales se suele ver la primera formulación del materialismo histórico: La sagrada familia, La ideología alemana, Miseria de la filosofía y el Manifiesto del Partido comunista (escrito en 1847, publicado en 1848). Engels ha fechado en esos años el punto de inflexión, caracterizándolo como un rebasamiento de las ideas de Feuerbach: “Pero había que dar el paso que no dio Feuerbach; el culto del hombre abstracto, que constituía el núcleo de la nueva religión, se tenía que sustituir por la ciencia del hombre real y de su evolución histórica. Este ulterior desarrollo del punto de vista feuerbachiano más allá de Feuerbach empezó en 1845, por obra de Marx, en La sagrada familia”. En esa obra y en La ideología alemana, Marx (con la colaboración de Engels) va explorando, con ocasión de motivaciones polémicas, su nueva concepción de las relaciones entre lo que a partir de entonces se llamaría en el marxismo la sobreestructura (las instituciones y las formaciones ideológicas) y lo que recibiría el nombre de base de la vida humana, paulatinamente entendida como el sistema de relaciones (o condiciones, pues la palabra alemana Verhältnisse, siempre usada en plural en este contexto, significa ambas cosas, y también circunstancias) de producción y apropiación del producto social. En el Manifiesto (por tanto en 1847 a más tardar) está ya presente, además de la clásica tesis marxista que aparece en la primera frase del célebre texto (“La historia de toda sociedad hasta hoy es la historia de luchas de clase”) también el esquema dinámico de la evolución histórica tal como lo entiende el marxismo, a saber: la tensión dialéctica entre las condiciones o relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas.

En el Manifiesto, apuntaba Sacristán, Marx afirmaba, por ejemplo, que las “modernas fuerzas productivas” estaban en tensión “desde hace decenios” con “las modernas relaciones de producción, con las relaciones de propiedad que son las condiciones de vida de la burguesía y de su dominio”. En 1847, proseguía, Marx era miembro de la Liga de los comunistas y trabajaba intensamente en la organización del movimiento obrero. La situación política de 1848 le llevó a Alemania, igual que a Engels, en abril de ese mismo año, con objeto de colaborar en la revolución democrática alemana. Marx había publicado en Colonia por esas fechas la Neue Rheinische Zeitung [Nueva Gaceta renana], de vida efímera por lo demás, entre 1848 a 1849. Tras el fracaso de la revolución, Marx partió para Londres, expulsado de París en 1849, y fue en 1850 cuando se disolvió la Liga de los comunistas, la organización que les había encargado la redacción del MC.

Hasta aquí las referencias al MC en este texto sobre Marx de 1967. Fue sobre todo en otra voz de enciclopedia, escrita en 1974, la dedicada a “Karl Marx” en la Enciclopedia Universitas de Salvat [2], cuando Sacristán se aproximó nuevamente con mayor detalle al MC.

En Bélgica, señala Sacristán en su escrito, Marx, y con él Engels, intensificó su actividad política y entró en relación con una asociación obrera, la “Liga de los Justos” que, en gran parte por influencia suya, pasará a llamarse “Liga de los Comunistas”, Marx organiza unos comités de correspondencia a cuyo trabajo epistolar dedica muchas horas, destinados a ir armonizando el pensamiento de todos los comunistas europeos “desembarazándolo de los límites de la nacionalidad”. Este primer conato de internacionalismo proletario organizado, apunta Sacristán

[…] es ocasión del texto de Marx y Engels (principalmente del primero) con el que se concluye el período belga: el Manifiesto del Partido Comunista, común y abreviadamente llamado Manifiesto Comunista.

Con un abrazo...

Cuatro años más tarde, el 24 de abril de 1978, Sacristán intervenía en una mesa redonda que, con el título “Actualidad del Manifiesto Comunista”, se celebró en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona. Se conserva el esquema de su intervención en Reserva de la Biblioteca Central de la UB. El papel está dividido en cinco apartados.

El primero señala que la cuestión de la actualidad del MC –“de su lectura desde el punto de vista de hoy en Europa Occidental”- tenía una justificación considerable, no era meramente pretexto para conmemorar un escrito sin duda influyente.

1.1.1. Sin despreciar, claro, la conmemoración misma.

1.2. No pienso, al decir eso, en el interés que sin duda tiene, a propósito de todo texto que ha influido e influye, el formar la típica lista de 'lo vivo y lo muerto'.

1.2.1. Pero ese enfoque del asunto queda excluido por los 20 minutos.

1.2.2. Y tal vez no sea tampoco lo más interesante

1.3. Lo que me parece más interesante es un aspecto muy general del MC, un rasgo característico que resultó particularmente moderno a mediados del XIX.

En el segundo punto del esquema, Sacristán se centrada en la finalidad central del Manifiesto Comunista:

2.1. El M es un 'Manifiesto' destinado a poner brevemente en claro ante el público las ideas de un grupo reducido.

2.2. Pero grupo activo, popular y proletario en gran parte, no de sólo ideólogos, como lo eran hasta entonces los grupos productores de reflexión emancipatoria (no de la práctica, claro).

2.3. Eso repercute en la importancia del M para partido moderno

2.3.1. Lo normal entonces era o bien los partidos electorales de notables, o bien la escuela o secta sin acción social

2.3.1.1. Los casos cartistas y reformistas agrarios americanos en trabajador,

2.3.2. El M, aunque no muy categórico, explicita y origina la idea de un partido obrero como instrumento directo de la lucha de clases.

2.3.3. La cuestión del nombre. Cambio a MC en la edición alemana de 1872.

2.3.3.1. Probablemente por las vicisitudes de la AIT

En el tercer apartado, Sacristán reflexionaba sobre el papel de los partidos obreros como vínculos entre ideología y política, idea abstracta y ética pública [6]:

3.1. El cuajar de la idea de partido obrero de clase implicaba el paso de la especulación al pensamiento de la práctica obrera, de la idea abstracta a la ética, de la ideología a la política.

3.1.1. En las construcciones sociológicas: programa.

3.1.2. En el fundamento: no esencialismo, sino análisis sociológico.

3.2. Así se explica la sección III del M y, en particular, la parte de crítica del socialismo filosófico.

3.2.1. Ejemplo de III.

3.3 Pues bien: en lo más esencial, la actualidad o la caducidad completa del M se decide en torno a eso.

En el cuarto punto, Sacristán se centraba en algunas reacciones antimarxistas de la época:

4.1.Y, tras la moda marxista, la antimarxista es parte de una amplia reacción antipráctica, especulativa.

4.1.1. Dejo de lado el anarquismo.

4.2. Desactivación, en realidad pro-reformista.

4.3. Des-sociologización ('poder'), que lo mismo

4.4. Precedentes o materiales de la nueva hegemonía:

4.4.1. La crítica conservadora académica tradicional. Hayek hoy.

4.4.2. La crítica especulativa pseudo-revolucionaria: Adorno

4.4.2.1.Sus alumnos

4.4.2.1.1. Saint-Just.

 

El último apartado del esquema reflexionaba sobre el papel del MC en las discusiones que entonces se mantenían en el interior de la tradición marxista:

5.1. No son ignorables motivos interesantes para todos

5.1.1. La práctica del 'socialismo real'. En serio.

5.1.2. Huecos y errores del pensamiento praxeológico

5.1.2.1. La cuestión del poder (Russell)

5.1.2.2. La de las fuerzas productivas

5.2. Ni tampoco las causas sociales: es la compleja reacción de la ambigua capa de los intelectuales.

5.3. Lo que está en juego

5.3.1. Abandono negativista del intento revolucionario programático, racional

5.3.2. o volver a empezar con la motivación del M: redescubrir la posibilidad programática

5.4. La actualidad del M consiste en que está en el comienzo de un proyecto hoy en crisis, y su tendencia encarna una de las dos reacciones posibles a la crisis: la del proyecto.

No fueron estas en todo caso las últimas referencias de Sacristán sobre el clásico de Marx y Engels. En un escrito de 1983 sobre “¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?” hay una interesante reflexión que es necesario estudiar detalladamente.

Notas:

[1] La voz ha sido incorporada por Albert Domingo Curto en su edición de Manuel Sacristán, Lecturas de filosofía moderna y contemporánea. Madrid, Trotta, 2007, pp. 181-187.

[2] Ahora reimpreso en M. Sacristán, Sobre Marx y marxismo. Barcelona, Icaria, 1983, pp. 277-308.

[3] De una de las carpetas de “Correspondencia” depositada en Reserva de la Biblioteca Central de la UB, fondo Sacristán

[4] Ibidem.

[5] Fueron los fascículos 131 y 132 de la Enciclopedia. Se pusieron a la venta los días 11 y 18 de abril de 1974. Podían adquirirse en quioscos o establecimientos similares.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

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