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Imágenes Marxistas I. Antologia de textos de Manuel Sacristán

Salvador López Arnal 26/11/2006
 

En “Entrevista con Naturaleza” (Ibídem,  pp. 179-190), Sacristán exponía este equilibrado punto de vista sobre las relaciones entre tecnología y ecologismo: “No hay antagonismo entre tecnología (en el sentido de técnicas de base científico-teórica) y ecologismo, sino entre tecnologías destructoras de las condiciones de vida de nuestra especie y tecnologías favorables a largo plazo a ésta. Creo que así hay que plantear las cosas, no con una mala mística de la naturaleza. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nosotros vivimos quizá gracias a que en un remoto pasado ciertos organismos que respiraban en una atmósfera cargada de CO2 polucionaron su ambiente con oxígeno. No se trata de adorar ignorantemente una naturaleza supuestamente inmutable y pura, buena en sí, sino de evitar que se vuelva invivible para nuestra especie. Ya como está es bastante dura. Y tampoco hay que olvidar que un cambio radical de tecnología es un cambio de modo de producción y, por lo tanto, de consumo, es decir, una revolución; y que por primera vez en la historia que conocemos hay que promover ese cambio tecnológico revolucionario consciente e intencionadamente”

Veinte años antes, en una conferencia de 1963 -“Studium generale para todos los días de la semana”, Intervenciones políticas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 47-48-, Sacristán ya había apuntado: “El filósofo alemán Georg Klaus, basándose en un célebre texto de una carta de Marx, ha trazado un interesante cuadro especulativo al respecto: imagínese que en una sociedad de este tipo irracional se renueva totalmente la técnica del proceso de producción mediante la automatización, etc. Quedan entonces liberadas enormes energías humanas que no tienen ya aplicación al trabajo mecánico y que, por tanto, sólo pueden desarrollarse económicamente y racionalmente accediendo al trabajo creador, a la administración de la sociedad. Pero esa dirección comunitaria está en contradicción con la estructura del dominio de clase que es propio de la sociedad en  que vivimos y que se toma en el ejemplo. Entonces, si no se produce una victoriosa reacción de los casualmente liberados del trabajo mecánico, la sociedad irracional tiene aún una salida irracional para preservar el poder de la case dominante: puede recurrir al gigantesco despilfarro de mantener a los antiguos trabajadores mecánicos en una situación de proletariado parasitario, alimentándoles, divirtiéndolos y lavándoles el cerebro gratuitamente a cambio de tenerles alejados de la dirección de la sociedad. Georg Klaus recuerda que en Roma se ha dado algo parecido... La técnica, pues, no puede cumplir por sí sola la otra racionalización, la seria, la socialización de la división del trabajo, que es el primer paso para su superación. Lo esencial para cumplir esa tarea es, naturalmente, suprimir la base de la irracionalidad, las instancias meramente mecánicas, inconscientes, no-humanas, que mueven hoy, la división del trabajo entre nosotros.”

 

C. La adhesión de buena parte de los trabajadores de los países industriales a los valores del crecimiento económico depredatorio y a la estructura jerárquica y despótica que, con formas diversas, organiza a menudo ese crecimiento, ha hecho caer a Rudolf Bahro (autor de otro de los principales intentos marxistas de elaborar la crisis) en lo que probablemente es la debilidad principal de su estudio La alternativa: proponer a los intelectuales como sujeto revolucionario, mientras concibe a la clase obrera (en los países del Este) como un pasivo peso cuya gravedad estabiliza a la burocracia que dirige allí con retraso la réplica del mundo material capitalista, retocada con algunos buenos rasgos colectivistas o comunitarios. Esa tesis de Bahro es inverosímil porque los intelectuales, igual los letrados que los técnicos, son un grupo social beneficiario del sistema en la medida en que éste se basa en la división fundamental entre trabajo manual y trabajo intelectual. La eficaz publicidad de los intelectuales que se creen críticos, difundida con diligencia por los medios de masas del sistema criticado, desde la televisión hasta los órganos de prensa más distinguidos, no puede esconder el hecho de que esa capa social es, en la producción y en el consumo, un apéndice de las clases dominantes igual en el Este que en el Oeste. Sus privilegios específicos, el lenguaje y la ciencia, facilitan que del grupo de los intelectuales se separen frecuentemente individuos que se sitúan del otro lado, con las clases explotadas y oprimidas. Pero eso no es ninguna novedad que confirme la tesis de Bahro.

 

3. A. “La situación política y ecológica en España y la manera de acercarse críticamente a esta situación desde una posición de izquierdas”, Pacifismo, ecología y política alternativa, Icaria, Barcelona, 1987, pp. 18-19.  3.B. “Una conversación con Wolfgang Harich y Manuel Sacristán”, Salvador López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristán, Destino, Barcelona, 1996, pp. 135-136.  3. C.  “Comunicación Jornadas de Ecología y Política”, Pacifismo, ecología y política alternativa, op.cit. pp. 13-14.  

                                                                        *

            Igualmente, de varias carpetas de resúmenes depositadas en Reserva de la Universidad de Barcelona, estas anotaciones de artículos de Rinascita, la excelente revista teórica del PCI de la que Sacristán fue lector asiduo.

A. Siegmund Ginzberg, “Due indagini recenti e le loro implicazioni teoriche. Occupazione e mercato del lavoro in Italia”, Rinascita, 25.4.1974.

            1. Los dos libros a que se refiere el artículo son: Paci, Massino: Mercato del lavoro e eclassi sociale in Italia; Meldolesi, Luca: Disoccupazione et esercito industriale di riserva in Italia. Respeta mucho más el primero. Lo que enlaza en artículo las dos reseñas es la defensa de la política del PCI y la identificación de un error teórico de los autores.          

            2. Paci distingue trabajo manual, trabajo intelectual y trabajo marginal, cada uno con su propio mercado (p. 22). El mercado marginal, cuenta, según él, con 2.000.000 de personas que aparecen en las estadísticas como parte de la población activa.

            3. La crítica de Paci al PCI es que se ha orientado a buscar una alianza en dirección de las llamadas capas medias (entre las cuales se encuentra obviamente la pequeña burguesía, que sobrevive gracias a la explotación de la fuerza de trabajo marginal), en vez de actuar concretamente por una recomposición del proletariado” (p. 22). La formulación es muy apreciable.

            4. Ginzberg arguye preguntando si esas dos cosas son incompatibles. Empieza por decir que los problemas de recomposición (que amplía: norte-sur, empleados-parados, etc) son muy importantes. Y sigue:

“Pero ¿se puede reducir el problema del mercado de trabajo a la única exigencia de reforzar mediante la unidad de los oferentes, la oferta de la fuerza de trabajo respecto  de la demanda? ¿O no es necesario ir más a fondo y afrontar las contradicciones que actúan en lo profundo de todo el mecanismo de la estructura productiva? Se trata, en efecto, de ver cómo el problema del tipo de desarrollo económico, o sea, de las razones por las cuales se han determinado un estrechamiento relativo de la base industrial, y un freno al desarrollo de las fuerzas productivas del país, tales que la explotación ilimitada del ejército activo “irregular” predomina relativamente sobre el de las tropas “regulares”, está estrechamente relacionado con las decisiones tomadas por las clases dominantes y su capacidad de imponerlas. Pero decisiones diferentes no se pueden imponer más que sobre la base de un arco de fuerzas muy amplio, superiores a aquellas en las cuales las clases dominantes apoyan su propio poder político” (p. 22).

Es el meollo de la cuestión. Y tiene, como toda esta estrategia, los siguientes puntos dudosos: si de verdad lo que hace la clase dominante en eso es frenar fuerzas productivas (Este punto, se puede resolver favorablemente al PCI con reformulación de “fuerzas productivas”); si no es utópico el arco enorme; si eso es compatible con la negociación de cuestiones político-económicas con los grandes, no con los pequeños; si los 2.0000.000 de marginales y sus familias no son una parte del gran arco, y si se pueden ganar apoyando a sus explotadores.

            5. Menos interesante es la polémica con el otro autor, más grosero. Ginzberg refuta su redefinición de “ejército industrial de reserva” mostrándole que en todo momento de cambio tecnológico pasa lo mismo, y que Marx ya lo sabía “Sobrepoblación relativa” (pp. 22-23). Ginzberg es muy bueno. Pero no tiene presente que el tema, precisamente por ser tan viejo como él lo muestra, requiere mucho pensamiento, no insistencia tacticista. O no sólo ella.

                       

B. “Intervista a Bruno Trentin: bilancio delle vertenze aziendali e di grupo. Un capitolo nuovo per il sindacato”.

            1. Los temas que por vez primera han sido objeto de contratación: las inversiones en el sur, los niveles de empleo, la afirmación de la aportación de las empresas al robustecimiento de los servicios sociales colectivos (p. 9).

            2. Una observación táctica de BT que está muy prudente en toda la entrevista: “Los concretos resultados obtenidos confirman la importancia de las opciones hechas en otoño, aunque fuera con mucho escepticismo y dudas incluso dentro el movimiento sindical, y entre los resultados vuelvo a colocar el aguante político del movimiento, que en una situación de crisis no se ha replegado a la defensiva ni se ha dejado desviar de los objetivos de fondo que se había propuesto” (p. 59).

            3. Y el gran marco estratégico. “Por primera vez el tema de las aportaciones sociales se convierte en asunto de negociación...” (p. 9).

            4. D’Agostini usa, y BT no se opone, la expresión “padronato pubblico” para las empresas de “participación estatal, que han sido aún más duras que las privadas en la lucha. (p. 9).

 

C. Gerardo Chiaromonte, “Un comitato di salute pubblica?”, Rinascita, 26.4.1974 (Relación clase-estado).

            1. El tema es la decisión de los grandes patronos de dirigir abiertamente la Confindustria.

            2. "El primer experimento de esta 'gestión directa' de la vida económica tendría que producirse con las 'concesiones' que el gobierno Rumor se dispone a dar a la Fiat, la Montedison y las participaciones estatales, concesiones para construir "infraestructuras' (ceses, escuelas, hospitales, proyectos globales). Tal vez el acuerdo de vértice de la Confindustria esté también vinculado a eso, o sea, a la necesidad de no presentar frente al Parlamento, las Regiones y los Ayuntamientos (el gobierno está ya conquistado para su causa) en orden disperso, sino unidos y más fuertes, y decididos a superar toda resistencia democrática. El pacto en el vértice de la Confindustria perece dirigido también, en sustancia, contra la autonomía de las Regiones y de los Ayuntamientos, o sea, contra la articulación democrática y constitucional del estado" (4)

            Ahí se suma una nueva articulación social que es como la imagen de pesadilla de cierta autogestión con una manera de salir de la crisis del estado italiano.  Que puede serle de otros.

            3. “Por lo que hace a los trabajadores y a sus organizaciones sindicales, no se ha dicho nada -por lo que se sabe- en la reunión que ha llevado el 'comité de salvación pública' de la Confindustria. ¿En qué  piensan sobre este punto los promotores del acuerdo? También en esto vemos en primer lugar la agencia de presentarse más fuertes y unidos ante el movimiento sindical. Pero no necesariamente para arrollar una política represiva. Puede incluso ocurrir que en la mente de alguno de los grandes industriales promotores del acuerdo haya una vaga aspiración a trabajar por cierto entendimiento con sindicatos sobre algunos problemas del desarrollo económico y social: también en esto partiendo la constatación de las carencias de los poderes públicos y del gobierno, o sea, “de la política”. No hará falta subrayar lo abstracto y veleidoso que es ese posible proyecto en la concreta realidad italiana (...)” (p. 4)

            ¿Era polémica interna? Por qué el final la CGIL, al imponer en varias grandes empresas los nuevos temas de negociación, ha ido por ese camino  “abstracto y veleidoso".

 

D. Victo Neto, “Aspetti dello sviluppo capitalistico sotto la dittatura”, Rinascita, 31.5.1974.

            1. El golpe militar fue el 28.5.1926.

            2. “Sintetizando, se puede afirmar que la política del gobierno fascista (guiada por la gran burguesía) ha consistido en facilitar, con la imposición coercitiva (bajos salarios, represión, liquidación de las propiedad y empresas) y con la ayuda directa del estado (protección aduanera, limitación de la competición, préstamos, subsidios, facilidades fiscales, etc) el proceso de formación, acumulación y concentración de capitales a un ritmo más acelerado del que se habría originado del simple curso de las leyes económicas en un sistema de competición libre. Esta ha sido la verdadera “función histórica” del fascismo portugués“ (p. 17).

            Clarísimo también para el fascismo español, con la diferencia del menor atraso y la más real industrialización.

 

            E. Alesandro Natta, “Le novità del partito nuovo”. Rinascita,29.3.1974 (Svolta di Salerno).

            1. “Partito laico” respecto del marxismo, claro (p. 19).

            2. “(...) El Estado que no es nunca la pura expresión de los intereses corporativos de una clase...” (p. 20). La mejor expresión del asunto. Habría que relacionar el bloque dominante con la estructura a la que mantiene en pie. Quizás porque no hay estructura para una clase sola, corporativamente entendida, ni, por lo mismo, para toda una clase, corporativamente entendida.

 

F. Ferdinando Chiaramonte, “L´organizzazione scientifica del lavoro nel modo”, Rinascita 5.4.1974 y 12.4.1974 (Organización científico trabajo).

            1. p. 12. De mucho interés para la importancia del factor subjetivo hoy.

            2. Reconoce los peligros políticos de eso por asimilación (p. 13). Pero señala utilidad.

            3. Habla primero brevemente del agotamiento de la línea de conducta empresarial que combina el taylorismo con las “human relations”, destinadas a suavizar el bestial cosismo de aquel.

            (*) Acordarse de lo positivamente que lo vio Lenin.

            4. En la valoración empieza por reconocer como positivo: inversión de tendencia respecto al taylorismo y al planteamiento manipulatorio de las relaciones humanas; atención al contenido específico del trabajo y a la autonomía de los trabajadores; modificación de la división horizontal del trabajo, y a veces también de la vertical.

            5. Aspectos negativos de ese “modelo”: medio nuevo para viejos fines; no se considera el problema de la tecnología, esto es, se la considera variable independiente; no analiza el problema de las relaciones de poder y de las decisiones estratégicas; dessindicalización de los trabajadores; en los USA, además, todas las modificaciones organizativas son de iniciativa empresarial (p.10).

            6. Luego examina el desarrollo en Europa (Inglaterra, Suecia, Noruega) (pp. 10-11).

            7. Hace  crítica final de la orientación europea.

            8. Reconoce que evita dos defectos de los recursos humanos: la consideración de la tecnología como variable independiente y la limitación del análisis organizativo al examen del job. Ambos quedan respectivamente superados por la noción de sistema sociotécnico y por la de grupo homogéneo. De los otros dos defectos -ignorancia de la cuestión del poder y objetivo antisindical- dice que la “democracia industrial” sueca está exenta de ellos y pasa al final (p.11).

 

            Sobre el izquierdismo como tradición “alocada” del movimiento comunista, no siempre originada en impulsos éticos no atendibles, estas dos sucintas aproximaciones de Sacristán:                          A  “Por otro lado, se produce también en esas fases una reacción inmovilista: al no haber ya una posibilidad revolucionaria inmediata, los hombres pueden quedar desprovistos de perspectivas y de capacidad de lucha real; los que así queden desarmados seguirán usando entonces, pero ya en el vacío, las expresiones corrientes en el período de crisis aguda y se aferrarán a una mística expectativa de alguna catástrofe que vuelva a poner la insurrección, como por fatalidad, al orden del día. La inhibición respecto de las luchas posibles en el movimiento, el desprecio de los “objetivos intermedios” subrayados por Lenin, es también una posibilidad de liquidación, por atrofia política. Esto es lo que en la tradición comunista se llama izquierdismo” (El orden y el tiempo, Trotta, Madrid (edición de Albert Domingo Curto),  p. 153).

B. “Tasca acogió literalmente la política de fusión en el sentido de liquidación del PCd’I. Gramsci hizo casa común con Bordiga en contra de esa interpretación, y desarrolló la parte principal de la polémica contra Zinoviev. Pero cuando en la crisis del 24 de noviembre Lenin y Trotski (con Radek y Bujarin) se inclinan resueltamente por la política de fusión en Italia, se manifestó enseguida la diferencia entre la visión izquierdista de la sustantividad del partido como secta cerrada y pasiva y la visión dialéctica de Gramsci; una vez derrotados Bordiga y Gramsci, el primero decide retirarse, el segundo intervenir, hacerse nombrar para la comisión de fusión y poner condiciones que equivalían a reducir la operación al ingreso de la izquierda socialista en el PCdI, como en efecto ocurrió al final” (Ibidem, pp. 155-156).

 

            Vale la pena recordar este apunte histórico contra un prejuicio: “Cuando se habla del izquierdismo comunista de los años 20 se suele hoy pensar en el pensamiento de raíz especulativa hegeliana característicamente representado por el joven Lukács de Historia y consciencia de clase (1923). Pero la identificación de las tendencias positivistas o criticistas con la derecha y de las hegelianizantes con la izquierda en el seno del movimiento comunista es un prejuicio. En el extremismo de aquellos años hay predominio de positivistas más o menos estrictos -Korsch, Pannekoek- y de mecanicistas de lo más elemental, como Bordiga” (“El filosofar de Lenin”, Sobre Marx y marxismo, op. cit,  p. 141, n.  6)

            También este apunte de equilibrio en torno a problemas ecológicos y vindicaciones de igualdad social:

            “Los nuevos problemas que han dado pie a los movimientos ecologistas imponen a menudo revisiones bastante traumatizadoras de ciertos puntos de vista tradicionales en la izquierda. Por ejemplo, el ideal de simple y universal democratización de los bienes presentes en la vida cotidiana, si se entiende la democratización como goce irrestricto. Un caso pertinente es el tradicional disfrute por los aristócratas y los ricos de los mejores parajes de las costas de país densamente poblado, como las del Mediterráneo español, francés e italiano. Desde el momento en que se ha democratizado el acceso a la Costa Brava catalana, por ejemplo, lo que era un disfrute paradisíaco se ha convertido en la estúpida estancia en un ruidoso paisaje de cemento. La gente modesta que hoy consigue pagarse una semana de vacaciones en Tossa de Mar no está disfrutando lo mismo que hace cincuenta años gozaban los pocos ricos con casa allí (por eso los ricos se van a otras partes, de las que cada vez quedan menos). Los izquierdistas tradicionales se fijan sólo -por explotar ese ejemplo- en que todavía queda mucha gente que no puede pasar unas vacaciones en la Costa Brava. Los verdes puros se fijan sólo en que ya no vale la pena conseguir esas vacaciones. Se trata de dos modos de pensar manifiestamente unilaterales, que no conseguirán resolver los problemas” (“Entrevista con Naturaleza”, De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit,  p. 183).

            Y estas tres miradas matizadas.

            A. Proceso de Burgos (1976): “(Por cierto, que los grandes esfuerzos por evitar la ejecución de las sentencias del proceso de Burgos no lo fueron, precisamente, de los pobres abolidores de la división del trabajo en 1970.  Ellos, que habían anunciado la insurrección armada de la clase obrera española para septiembre de 1969, no estaba para pequeñeces tales como el pellejo de los vascos).” (“La Universidad y la división del trabajo”,  Intervenciones políticas, op. cit,  p. 99, nota)

B. Asimilación de la segunda etapa de la revolución cultural proletaria maoísta (1979):  “Por ejemplo, de una persona por mí muy querida, un antiguo dirigente estudiantil, hoy del PSUC, que hizo el 67, el 68, como los nuevos filósofos franceses, en los grupos maoístas y ultra-maoístas, explicaba fenómenos españoles, cosas que ocurrían en España, del modo siguiente: había ocurrido tal o cual cosa, tal fenómeno político había ocurrido porque su partido (y su partido en aquel momento quería decir un máximo de cuatrocientas personas), no la dirección, había asimilado bien la segunda etapa de la revolución cultural china. Esto no sé si es para morirse de risa o para morirse de llanto, que la gente pudiera estar tan obnubilada como para aplicar mentiras ideológicas sobre China a la realidad política española (...), además con un exactismo, con un rigor formal... El segundo paso consistía en que fuera destituido el comité ejecutivo porque, según éstos, la revolución cultural había sido bombardeada.  El cuartel general, que se produce exactamente como la ciencia, es universal; se deduce que hay que cambiar el ejecutivo de aquí  Eso ha sido el marxismo de estas personas, víctimas desde luego de una educación escolástica horrible, de la que es en gran parte culpable la tradición rusa de la III Internacional, en parte también la escolástica occidental, claro, particularmente en España, el catecismo” (‘Una conversación  con Manuel Sacristán” por Jordi Guiu y Antoni Munné’, De la Primavera de Praga al marxismo ecologista, op,. cit, p. 109-110).

C. Sin fundamento serio (1968): “Y, sin embargo, los textos de abril del PCCh contienen elementos que, vistos con la óptica del esquema superficialmente aplicado hoy por el provecto teólogo F. V. Konstantinov, deberían quedar catalogados como “izquierdismo”. Por ejemplo, lo que este teólogo tan tediosamente longevo tendría que llamar (si fuera al menos coherente en su escolástica) voluntarismo moralista, varias veces presente en el informe Dubcek, aunque los no-teólogos puedan entenderlo como valoración del factor subjetivo. Pero lo que hay que decir en general es otra cosa: que no existe ningún fundamento serio para llamar izquierdismo al derrocamiento militar de la tiranía de Batista, por ejemplo, ni para llamar derechismo a la supresión del control estatal sobre los sindicatos obreros en la República Socialista de Checoeslovaquia. En ambos casos se trata de política no-burocrática, respondente a las auténticas necesidades de las clases trabajadoras urbanas y rurales”  (“Cuatro notas a los documentos de abril del partido comunista de Checoeslovaquia”, Intervenciones políticas, op. cit,   p. 96).

Igualmente, este breve apunte de Sacristán, de una carpeta resúmenes de Reserva de la UB, sobre interpretaciones alocadas, a propósito de un artículo de Michiiko Suzuki, “L´affaire Hiro Kim”, Les Temps Modernes, 268, oct. 1968: “El autor interpreta la simpatía por Kim de algunos de los rehenes que tomó como “nacimiento de una comuna”. He aquí el paso más característico (pp. 724-725). Hay una cosas que decir: 1. Esta gente desconoce todo de las situaciones humanas, no sabe que cualquier sociedad burguesa es capaz de imponer reacciones extraordinarias -heroicas, brutales, santas, crueles, etc.- en situaciones límite, sin que eso signifique superación alguna de nada. 2. Esa “comuna” no tiene nada que ver con la producción ni el consumo. 3. Es una “comuna” montada por un tirano que mata. El Portero de Noche. Masoquismo.”

 

 

 

Nota SLA:

Sacristán acostumbraba a regalar a los miembros del comité central del PCE copias de su traducción de “A los por nacer” de Brecht, de 1938. Ésta es una de sus traducciones

I.

Verdaderamente: vivo en tiempos tenebrosos.

La cándida palabra es necia. Una frente tersa

revela insensibilidad. Y si alguien ríe

es que no le ha llegado todavía

la noticia terrible.

 

¿Qué tiempos son éstos, en que

es casi un crimen hablar de los árboles

porque eso es callar sobre tantas maldades?

Ese hombre que va tranquilamente por la calle,

¿es ya acaso inaccesible a sus amigos

en la necesidad?

 

Cierto: yo me gano la vida todavía.

Pero creedme: es por casualidad. Nada

de lo que hago me da derecho a hartarme.

Por caso me respetan (pero si cambia mi suerte

estoy perdido).

 

Me dicen: ¡Cómo y bebe, sé alegre tú que tienes!

Pero ¿cómo voy a comer y beber

si le arranco al hambriento lo que como

y  mi vaso de agua le falta al sediento?

Y, sin embargo, como y bebo.

 

También me gustaría ser sabio.

Los viejos libros dicen que es sabiduría

apartarse de las luchas del mundo y pasar

el breve tiempo sin temor.

También renunciar a la fuerza, devolver bien por mal,

no cumplir los deseos, sino olvidarlos

dicen que es sabiduría.

Pero yo no puedo hacer nada de eso:

verdaderamente, vivo en tiempos tenebrosos.

 

II.

Yo llegué a las ciudades en la hora del desorden,

cuando reinaba el hambre.

Me mezclé entre los hombres en la hora de la rebelión

y me indigné junto con ellos

Así transcurrió mi tiempo,

el tiempo que me había sido dado sobre la tierra.

 

Comí mi pan entre las batallas.

Me eché a dormir entre los asesinos.

Cultivé sin respeto el amor

y fui impaciente con la naturaleza.

Así transcurrió mi tiempo,

el tiempo que me había sido dado sobre la tierra.

 

A una ciénaga llevaban en mi tiempo todos los caminos.

Mi habla me traicionó al matarife.

Poco pude. Pero los amos

habrían seguido más seguros sin mí: ésa fui mi esperanza.

Así transcurrió mi tiempo,

el tiempo que me había sido dado sobre la tierra.

 

Pocas eran las fuerzas. La meta

estaba muy lejos

Pero era ya visible, aunque para mí

apenas alcanzable.

Así transcurrió mi tiempo,

el tiempo que me había sido dado sobre las tierra.

 

III.

Vosotros, los que surgiréis del pantano

en que nosotros hemos sucumbido

pensad,

cuando habléis de nuestras debilidades,

también en el tiempo de tiniebla

del que os habéis librado.

 

Porque a menudo, cambiando de patria más que de sandalias

fuimos desamparados a través de la guerra de las clases,

cuando todo era injusticia y faltaba la cólera.

 

Mas no por ello ignoramos

que también el odio contra la vileza

desencaja al rostro,

que también la cólera contra la injusticia

enroquece la voz. Sí, nosotros,

que queríamos preparar el terreno a la amistad

no pudimos ser amistosos.

Vosotros, cuando se llegue a tanto

que el hombre sea un apoyo para el hombre,

pensad en nosotros

con indulgencia.”

 

            Otra traducción del poema de Brecht. Esta es de enero de 1973 y fue regalo de cumpleaños:

I. La verdad, vivo en tiempos obscuros. / La palabra ingenua es fatua. Una frente tersa/ Indica insensibilidad.  El que ríe/ Es que no ha recibido todavía/  La noticia terrible. /¿Qué tiempos son éstos, en que /Casi es un crimen hablar de árboles,/ Porque eso implica callar sobre tantas fechorías?/ Aquél que cruza tranquilamente la calle, /¿Es que no es ya accesible a los amigos suyos/ que están en la miseria? /Es verdad: todavía me gano el sustento. /Pero creedme: es sólo por casualidad. Nada/ De lo que hago justifica que me sacie. /Da la casualidad de que me dejan en paz. (Como se me pase esa suerte Estoy perdido). /Me dicen: ¡tú come y bebe! ¡Alégrate de que puedes! / Pero,¿cómo puedo comer y beber, si /Arranco al hambriento lo que me como y /Mi vaso de agua le hace falta al sediento? /Y el hecho es que como y bebo. /También me gustaría ser sabio. /Está en los viejos libros, qué es sabio: /Quedarse fuera de la pugna del mundo y pasar /Sin temor este poco de tiempo. /Salir del paso sin violencia, /Devolver bien por mal, /No satisfacer los deseos, sino olvidarlos, /Se tiene por sabio. /De nada de eso soy capaz. /De verdad, vivo en tiempos obscuros.

 

II. Llegué a las ciudades en el tiempo del desorden,/ Cuando reinaba el hambre./ Entre los hombres llegué en el tiempo de la rebelión, /Y me indigné junto con ellos./ Así pasó mi tiempo,/El que me estaba dado en la tierra./ Me comí la comida entre las batallas. /Me eché a dormir entre los asesinos. /Cultivé el amor sin atención /Y sin paciencia ví la naturaleza./Así pasó mi tiempo, /El que me estaba dado en la tierra. /En mi tiempo los caminos llevaban al pantano. /El habla me traicionaba ante el carnicero. /Yo no era capaz de gran cosa.  Pero los amos /Habrían estado más seguros sin mí: esa fue mi esperanza./ Así pasó mi tiempo,/ El que me había sido dado en la tierra. /Las fuerzas eran escasas. La meta /Estaba muy lejos. /Era visible con claridad, aunque para mí/ Seguramente inalcanzable./ Así pasó mi tiempo, /El que me había sido dado en la tierra.

 

III. Vosotros los que salgáis a flote del diluvio /En que nosotros nos hemos ahogado,/ Recordad,/ Cuando habléis de nuestras debilidades,/ También el tiempo oscuro /Del que os habéis puesto a salvo./ Porque, cambiando más de tierras que de suelas,/ Nosotros anduvimos a través de las guerras de las clases, desesperados,/Cuando sólo había injusticia y no había rebelión./ Pero al mismo tiempo lo sabemos: /También el odio a la vileza /Tuerce los rasgos. /También la cólera por la injusticia /Enronquece la voz. Ya: nosotros, /que quisimos preparar el suelo de la amistad,/no pudimos ser amistosos. /Pero vosotros, cuando llegue el día /De que el hombre sea ayuda del hombre, /Acordáos de nosotros /Con indulgencia.”

 

Una traducción de Sacristán de principios de 1974 [“El B.B. nuestro de cada año, que nos lo traen los Meges Rayos, arrebujado en sus grandes sayos, porque más vale que el oro en paño”] de los fragmentos II y III del borrador de los Diálogos entre fugitivos de Brecht, regalo para su hija Vera o/y para Giulia Adinolfi, llevaba incorporada la siguiente nota:

            “B. B. escribió la mayor parte de los Diálogos entre fugitivos en el otoño de 1940 y en los primeros meses de 1941, cuando estaba refugiado en Finlandia. Tenía entonces entre cuarenta y dos y cuarenta y tres años. Pocos meses antes, también en Finlandia, había escrito El señor Puntila y su siervo Matti. Terminó de escribirlos durante los años siguientes, ya en Norteamérica.

            Todos los dibujos son de B. B. pero los que llevan un asterisco no se encuentran en el manuscrito de los Diálogos, sino en una tabla de signos que había ido preparando. Los editores de las Obras Completas en alemán los han introducido aquí.

            Estos fragmentos son del período norteamericano, como se puede inferir de la fecha puesta al signo “doctrina” en el fragmento II. Yo creo que el fragmento III es posterior al II. El III articula en forma de poema ideas que el II da en forma de diálogo encadenado, todavía con el tono del Puntila. Precisamente después de escribir esa obra B. B. había leído Jacques le Fataliste de Diderot, y seguía gustando de trabajar la prosa en forma dialogada.

            Dicho sea de paso, el fragmento III anticipa la poesía visual que hoy -1974- está bastante de moda”.

            Al comentar la distinción entre ciencia de la ciencia y filosofía de la ciencia, Sacristán hacía en las clases de Metodología de las ciencias sociales del curso 1983-1984 una referencia a Bujárin en los términos siguientes: “La expresión “ciencia de la ciencia” tiene un poco de historia y precisamente está en conexión con lo que se acaba de decir antes porque nace en conexión con el primer encuentro importante de filósofos de la ciencia occidentales y marxistas en el congreso internacional de la historia de la ciencia de Londres en 1931. Eso era un poco antes de las grandes purgas rusas, y aquí aparecieron por última vez intelectuales importantes de la revolución rusa que luego sucumbieron a las purgas, muy señaladamente Bujárin, que era un personaje quizá de los más finos intelectualmente del equipo bolchevique. Luego fue asesinado en 1938”.

            Por otra parte, prosigue Sacristán, Bujárin tiene importancia en la historia de las ideas económicas. Fue seguramente el viejo bolchevique que sería de más digna lectura en una facultad de Economía. “Lo que pasa es que es uno de esos personajes malditos en la historia, porque de las tres grandes figuras sucesoras de Lenin, las otras dos han tenido su partido, sus fieles, sus continuadores, que han defendido su fama. Trotsky y Stalin han tenido cada uno sus seguidores y autores que han escrito sobre ellos. En cambio, Bujárin sucumbió sin dejar seguidores ni escuela y, consiguientemente, es el más enterrado de todos aquellos personajes del año 1917, el más olvidado. Pero era también el más culto y a él correspondía la presidencia de la delegación soviética de este congreso de historia de la ciencia en Londres, en el 31, y, allí, él y otros soviéticos, pero principalmente él, pronunciaron un discurso que causó enorme impacto en Occidente...”

            Igualmente, en un paso de su conferencia “Sobre Lukács” de 1985 sobre la línea política defendida por Bujárin en la revolución china, a propósito de la importancia revolucionaria de las sociedades del Tercer Mundo y la consideración de este fenómeno por parte de Lukács , se expresaba Sacristán en los términos siguientes: “(...) porque fíjate que la revolución china ha sido para la gente de la III Internacional el gran descubrimiento de las potencialidades revolucionarias del Tercer Mundo. Descubrimiento muy siniestro porque Stalin ahí impuso una línea política horrible. Por cierto que la de Bujárin era mucho mejor en aquellos momentos, en contra de todos los tópicos sobre Bujárin. Bujárin veía claramente una línea de revolución con campesinado y Stalin, por no sé qué razón, pero quizás por un dogmatismo tonto no creía en eso. Desde la revolución china Lukács y la gente de la III Internacional  tienen muy clara conciencia de la capacidad revolucionaria del Tercer Mundo”.

            También en el curso de Metodología de 1983-1984, dando cuenta del surgimiento de la tendencia de la “ciencia de la ciencia” en la  epistemología contemporánea, Sacristán se refirió al congreso de 1931 en los siguientes términos:

            “(...) y allí, él [Bujárin], y otros soviéticos, pero principalmente él, pronunciaron un discurso que causó enorme impacto en Occidente (que los ingleses han reeditado recientemente, en el año 71, en un libro titulado La ciencia en la encrucijada, publicado por la Universidad de Oxford). La influencia del discurso de Bujárin y de algunos otros de los delegados soviéticos fue muy grande -ellos presentaron una visión externalista de la historia de la ciencia, sobre un trasfondo sociológico y económico- e inmediatamente produjeron una pequeña escuela inglesa, por así decirlo”.

            Mientras que estas consideraciones de sociología de la ciencia, prosiguió Sacristán, apenas tuvieron continuación en la misma URSS, tal vez por el gran cataclismo que significaron las purgas estalinistas de 1938 o por el estallido la Segunda Guerra mundial, en cambio, “en Inglaterra sí que dejaron semilla. Filósofos de la ciencia e historiadores de la ciencia ingleses, que suelen ser bastante leídos y que sí que están traducidos al castellano, son en realidad resultado de la influencia de Bujárin en el congreso de 1931, discípulos más o menos directos de él. Bernal, por ejemplo, o Farrington, que ha escrito sobre ciencia griega  y también sobre un filósofo y científico de particular interés para economistas, Francis Bacon. Otro autor es Needham, que es el principal especialista occidental en ciencia e instituciones chinas. Needham es un personaje muy curioso. Es algo católico, un católico inglés -que son muy frecuentes, como es sabido- y además comunista desde muy joven, es decir, es un personaje muy original, con un tipo de originalidad que en los años 30 y 40 era completamente insólito. Vendría a ser casi el único intelectual europeo en esa condición tan peculiar y complicada...”

 

                                                                                                                                                           

 
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