Inici > Articles > Historia > Historia del comunisme > Segle XIX > Entrevista a Joaquín Miras sobre Marx y la Comuna de París
 
 

Entrevista a Joaquín Miras sobre Marx y la Comuna de París

Salvador López Arnal 26/03/2011
 

Entrevista a Joaquín Miras sobre Marx y la Comuna de París

 

El carácter de proceso político cuyo fin es convertir el movimiento en Estado, esto es, cuyo programa, cuya meta, no es “económica” –mejoras salariales o socialización de la propiedad- sino que la propia alternativa económica queda sometida al proceso deliberativo del movimiento y no se piensa al movimiento, a la soberanía, a la democracia real como un instrumento para el fin de la socialización, era lo que Marx recalcaba en polémica con otras corrientes mediante su texto sobre la Comuna”.

 

Salvador López Arnal

 

Filólogo, discípulo de Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán, profesor de historia, marxista documentado y con interpretación nada talmúdica de la tradición, autor de artículos y ensayos sobre republicanismo y democracia, Joaquín Miras es, además de una de las almas esenciales de Espai Marx, uno de los revolucionarios comunistas más íntegros y honestos que este entrevistador ha conocido a lo largo de años y décadas. Un comunista de la tradición de Lukács, Guevara, Allende, Luxemburg, Nelson Mandela o Marcos Ana.

*

 

Marx escribió sobre la Comuna de París. ¿Cuáles fueron sus principales escritos?

El texto más importante de Marx sobre la Comuna es La guerra civil en Francia, publicado en Londres inmediatamente después de los acontecimientos, en 1871. Guerra civil, no luchas de clases; recoge el eco de una tradición política, las luchas en la antigua Roma, entre los cives, una confrontación violenta por la configuración de un régimen político, no por mejoras parciales. Todo el texto está repleto de referencias a esa cultura, que era la interna al movimiento insurrecto, la tradición demo republicana. La Comuna es presentada por Marx como la forma adecuada de la República, - “…la comuna era la forma posible de esta república…”- por el “ciudadano” Marx, así solía firmar sus cartas, en este texto.

 

¿Estuvo Marx inicialmente a favor del movimiento? ¿Por qué?

En principio Marx no estuvo de acuerdo con el movimiento revolucionario, y en esto fue clarividente. La guerra franco-prusiana había sido la puntilla final para el movimiento revolucionario internacional que durante casi un decenio había sido la AIT, y que, sobre no haber conseguido cuajar las expectativas depositadas en el mismo, y haber llegado muy debilitado y enfrentado a finales de la década, quedaba dividido por la guerra entre naciones. Sobre esta situación de aislamiento internacional se daba la ocupación de Francia por el ejército poderosísimo, reaccionario, prusiano, amenaza militar inmediata para la Comuna y fuerza que impedía la propagación de las ideas democráticas de la comuna. Pero, una vez estalla el proceso, Marx y Engels se comprometieron con todas sus fuerzas en su ayuda. Una vez aplastado el proceso, Marx se percata de la gravedad de la derrota, que sella un periodo de movilización. Sabe que al menos durante una generación –la experiencia de lo ocurrido tras 1848- todo quedará, desmovilizado; nosotros sabemos de eso también por experiencia. Y utiliza el ejemplo de la Comuna para recordar a los por nacer cuál era la tradición política que había existido. Marx con todo, no se había hecho grandes ilusiones sobre el periodo. El mismo Marx sabía de la pobreza intelectual del movimiento de la AIT en relación con 1848, y no digamos en relación con la Revolución Francesa. Había esperado que la experiencia de lucha fuese la que autoeducase un poderoso movimiento. Sobre eso escribe algo Karl Korsch en Marxismo y filosofía

 

¿Qué te parece más destacable de sus aproximaciones?

Creo que la característica más destacada por Marx es la creación de un poder popular desde la autoorganización popular, esto es, como consecuencia de las deliberaciones y decisiones del movimiento popular Creo que esto es lo que recalca Marx y lo hace al hilo de los debates que han sobrevenido en el seno de la AIT. Ya en ese periodo habían apuntado las posiciones que luego marcarán el último tercio del siglo XlX y el siglo XX. Podemos seguirlas leyendo la carta a Kugelman de 1866 o la carta a Bolte de 1871. En la primera, en la que Marx responde al interés de su amigo [1]: le habían solicitado su intervención como sabio para que elaborase una estrategia, un proyecto que iluminase pedagógicamente las mentes de las masas. Él explica lo que hizo: “Lo limité intencionadamente a los puntos que hacen posible un acuerdo inmediato para la acción conjunta de los obreros, y que pueden satisfacer directamente las necesidades de la lucha de clases y fomentar las organizaciones de los obreros como clase. Los señores de París tienen la cabeza atiborrada de las más hueras frases proudhonianas. Charlan de la ciencia y no saben nada. Mantienen una actitud despectiva ante todo los revolucionario, es decir, hacia toda acción que dimane de la propia lucha de clases, hacia todo movimiento social concentrado, que, por tanto, puede llevarse también por medios políticos…”

Al igual que en el Manifiesto, Marx volvía a recalcar que los comunistas no tenían un programa propio, salvo el de organizar el proletariado y construir así la clase –organización del proletariado en clase-. Y que la tarea de los comunistas era ser “expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos”. Ser saber segundo, filosofar sobre la experiencia generada por la praxis, para reintroducir la reflexión en el debate público; no cabeza guía, no “estado mayor” dentro de una división del trabajo en la que una elite decide y una masa actúa. Creo que la frase sobre la Comuna como la forma de la república “al fin encontrada” apunta esta idea: es una forma política surgida de la lucha y de la deliberación interna al movimiento. Esta forma de pensar el proceso revolucionario sería abandonada.

 

¿Por qué fue abandonada?

Marx sería derrotado. Se impondría en la nueva etapa el tipo de organización partido socialdemócrata. Por cierto, a los 20 años de la Comuna, Engels recuperaría este texto –lo haría además en los pocos años de vida que le quedaban, con otros textos del periodo de 1848; inventaría un libro de Marx inexistente Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 en el que incluiría su gran prólogo testamento de 1894- para polemizar con la forma de hacer político de la socialdemocracia, presentando una alternativa de hacer político. No es que Engels pensase que aquello –la Comuna, las luchas del 48, etc- hubiese sido algo satisfactorio. Su preocupación por el campesinado -por ejemplo, “El problema campesino en Francia y en Alemania” de 1894-, esto es, por la mayoría de la población subalterna, sin la que no hay democracia, ni proceso revolucionario con posibilidades, era muy consciente y clara. Y esa preocupación había estado desaparecida en el proceso francés desde 1848 y también en 1871. Queda en el prólogo de Engels, de 1891 a Guerra civil en Francia una frase ambigua en relación con el fracaso de 1848 : “si el proletariado no estaba todavía en condiciones de gobernar…” ¿Cuáles eran esas condiciones? En el futuro se abrirían dos respuestas.

 

¿Cuáles son esas respuestas?

Una confiaría en el desarrollo de la clase obrera hasta ser mayoritaria, de la mano del capitalismo. Otra, minoritaria, pero que lograría sostenerse a la cabeza de la experiencia de la revolución rusa hasta la muerte de Lenin, insistiría en la Democracia: en el acuerdo entre las clases subalternas. En el acuerdo con la mayoría campesina y la aceptación política de sus justas reivindicaciones. En la subordinación del programa económico a las exigencias de la democracia. Pero el caso de la Comuna sí ofrecía un modelo político alternativo. “Político”, esto es, no anarquista, pero tampoco dirigido por una elite desarrollista, industrialista, sino basado en el proceso de masas y en las deliberaciones internas del mismo.

Este carácter de proceso político cuyo fin es convertir el movimiento en Estado, esto es, cuyo programa, cuya meta, no es “económica” –mejoras salariales o socialización de la propiedad- sino que la propia alternativa económica queda sometida al proceso deliberativo del movimiento y no se piensa al movimiento, a la soberanía, a la democracia real como un instrumento para el fin de la socialización, era lo que Marx recalcaba en polémica con otras corrientes mediante su texto sobre la Comuna.

 

¿Qué lecciones extrajo Marx del, digamos, fracaso comunero en tu opinión?

Creo respondida de alguna manera esta pregunta. Los procesos revolucionarios deben ser capaces, en primer lugar, de interpelar a la mayoría de la población.

 

¿Volvió a escribir sobre la Comuna en sus últimos años?

Como nos recuerda Arthur Rosenberg, la importancia de la Comuna para Marx fue momentánea. Una vez cerrado el proceso no volvió sobre el mismo.

 

¿Los blanquistas fueron mayoría en el movimiento insurreccional? ¿Quiénes eran?

Los blanquistas eran los herederos de la revolución del 48 en 1871, aunque Auguste Blanqui no pudo participar en la primera al estar en la cárcel. El blanquismo era una teoría conspiratoria de la política, que había surgido como consecuencia de la derrota de la revolución Francesa de 1789 a 1795, que mantenía una desconfianza hacia los procesos de masas. Pero los grupos blanquistas no actuaron según ese proceder durante la Comuna, sino como grupos de activación de la democracia.

 

Se ha hablado del primer Estado obrero de la historia. ¿Te parece exacta esta afirmación?

Creo que esa idea fue construida a posteriori y de forma retrospectiva… por quienes eran capaces de pensar que un Estado podía ser “obrero”. No pretendo criticar con esto la aspiración a un poder político creado por las clases subalternas; no estoy criticando la idea de que éstas puedan constituirse en poder político. Sino a la realidad de que en Europa, hasta la segunda mitad del siglo XX la mayoría social era campesina. El proyecto de un Estado obrero era un disparate antidemocrático. El olvido del campesinado por parte del economicismo impuesto por las elites dirigentes al movimiento político, su desarrollismo industrialista, obsesionaba al viejo Engels. Y esa ideología fue puesta en ejecución en la URSS tras la muerte de Lenin. Sabemos lo que significó, romper el bloque de masas sobre el que se sustentaba el régimen, persecución masiva contra los “kulaks” burgueses –sic-, esto es contra el campesinado, y una catástrofe agrícola de la que el régimen nunca se sobrepondría.

 

¿Ves algún hilo de continuidad entre la revolución francesa de 1789 y la comuna, casi un siglo después?

Desde la reconstrucción hecha a posteriori, que tomaba como criterio de discriminación la existencia o no de una organización estilo partido social demócrata, la Comuna ha sido considerada el último episodio de la Revolución de 1789. Sí creo que es una continuación del proceso revolucionario de 1848. Si se quiere, del abierto en 1830 en Francia. Sin embargo, existe una enorme diferencia entre el sujeto revolucionario de las luchas que van de 1789 a 1795 y lo que sobreviene después. La revolución francesa se produjo con toda esa potencia de la que sabemos, la que hace que el mundo, tras ella, no fuese el mismo, como consecuencia de que en esa lucha participó la inmensa mayoría de la población. Y por ello su “motor” fueron, no la toma de la Bastilla, no el juramento del juego de la pelota, sino 6 colosales jacqueríes, esto es, movilizaciones o levantamientos organizados por el campesinado, de ámbito nacional que recorrieron el país y dieron respuesta a los 6 estados de sitio –el estado de excepción, con el uso del ejército para reprimir a las masas, es un invento francés de ese periodo. La declaración de la patria en peligro puso en pie de guerra a un millón de hombres: era el campesinado insurrecto. Creo, que, como reconoció el gran historiador de la Revolución francesa, y gran defensor de Robespierre, Albert Mathiez, la revolución que sí tenía continuidad con la de 1789 era la revolución rusa de 1917 –“Bolcheviks et Jacobins”-. Las revoluciones del siglo XlX se dieron de espaldas al campesinado. De nuevo creo que es conveniente recordar el análisis de Arthur Rosenberg sobre la revolución de 1848. Los obreros aceptaron un pacto sobre la segunda república según el que el campesinado pasaba a ser el que pechaba con el grueso de los impuestos y se convertía en un instrumentum vocale dedicado a la producción de alimentos baratos para compensar los salarios bajos, dejarlo en manos de los usureros. Aceptar esto era hacer perder la ilusión sobre el nuevo régimen a las cuatro quintas partes de la población; perder como aliado a la mayoría de la población francesa. Esta miopía es la que produjo la derrota de julio. Los tres jornadas de julio fueron muy heroicas, pero la derrota estaba ya sellada por el aislamiento político de los obreros.

 

¿Crees que la tradición de los comunes debe seguir reconociéndose en la Comuna?

Creo que esa tradición de acción soberana de masas, de no subordinación a proyectos exógenos, de lucha política organizada de los subalternos y de aprender de la propia experiencia es un patrimonio fundamental para los “muchos pobres” de todos los tiempos

 

Nota:

[1] Carlos Marx, “Carta a Ludwig Kugelmann” 1866, en Marx y Engels, Obras Escogidas en tres volúmenes, vol 2, Ed Progreso, Moscú, 1974 pp 440, 441.

 

 

Bookmark and Share