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No hay lugar para una UE de izquierdas

Martin Höpner 18/07/2017
 

La Izquierda anticapitalista, es para mí un terreno inhabitual. Mi pensamiento gira en torno a opciones de reinserción social de un capitalismo fuera de control, no tanto sobre la completa superación del sistema capitalista. Pero tal vez mis reflexiones sean de interés en este contexto. He llegado a la conclusión que la capacidad política para controlar la economía, lo cual yo deseo, se debe alcanzar adoptando una actitud más crítica respecto al euro y la UE. Si estoy en lo cierto, llegamos aquí a algunas conclusiones. En otros términos, podéis oír de mí que alguien probablemente más moderado en términos de visiones del futuro que vosotros, os dice que tenéis razón en lo que respecta a la cuestión europea.

En este sentido quisiera encarar dos complejos temáticos: en primer término, quisiera decir algo sobre el euro y sobre la posibilidad de reformar la UE. En segundo término, quisiera hacer por lo que he venido, es decir, debatir sobre las opciones de reforma del euro y más allá de ello.

¿Un nuevo comienzo de izquierdas de la UE?

Como todos ustedes tomo nota de los debates sobre Europa y participo en ellos. Aquí propongo un par de palabras-clave para que permitan fijar el debate:

  • Refundación de Europa – cualquiera que sea su significado: adelante, pero por diferentes razones, o para hacer algo diferente.

  • Europa también es solidaridad – también lo creo, pero no en el sentido del libro del mismo nombre.

  • Romper con la UE – una consigna desde el ámbito de la izquierda radical.

  • Por un Nuevo comienzo de izquierdas – este era el lema de la gran euroconferencia de la fracción de Bundestag del año pasado y este lema tal vez resumió correctamente el estado del debate. ¿Quién se atrevería a oponerse? Una refundación izquierdista de la UE seguramente la deseamos todos.

Por extraño que pueda parecer, he llegado a la conclusión que una “refundación de izquierdas de la UE” no puede lograrse. El requisito máximo que puede pedírsele a la UE, y en este caso cito a mi colega Florian Rödl, es neutralidad socio-política. Sería aquella neutralidad que permitiría cambios políticos progresivos donde se formaran mayorías progresivas.

La UE no tiene preparada ninguna opción de izquierdas

¿Por qué no existe ninguna posibilidad de refundación de izquierdas a nivel de la UE? Porque la UE no es ningún Estado y no dispone de los instrumentos para aplicar una política progresiva. Independientemente de las relaciones de fuerza, la UE no es capaz de realizar a nivel europeo una política macroeconómica orientada al empleo. Esto tampoco cambiará en un futuro previsible. Completamente independiente de las situaciones mayoritarias, la UE tampoco puede favorecer ninguna política social o algún convenio colectivo de carácter global. Tiene buenas razones para no tener ninguna competencia socio-política y sobre ello las elecciones europeas no tienen ninguna influencia.

Solo puedo advertir con insistencia contra imaginarse la UE como un ruedo el cual puede llenarse con contenidos de izquierda si se ha ganado la mayoría en el ámbito de la UE. La UE está eficazmente inmunizada contra la eventualidad de ser ocupada con contenidos sociopolíticos progresistas.

Detener la máquina liberalizadora europea

Pero esto no es todo: la notable capacidad de la UE para conseguir la liberalización de la economía también está protegida contra la intervención de mayorías democráticas. ¿Por qué? Porque la UE es una construcción en la que las políticas liberalizadoras se han impuesto en el sistema político por medios jurídicos. Los instrumentos para ello son la ley europea sobre competencia y, en particular, las libertades fundamentales: la libre circulación de trabajadores, capital, mercancías y servicios en el mercado único europeo.

Estas disposiciones son interpretadas por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de forma tan amplia, que no sólo han entrado en conflicto con sectores próximos a los estados, sino también con la negociación colectiva y tal vez pronta con la participación de los trabajadores.

Un inesperado elogio de la izquierda anticapitalista

No albergo ninguna expectativa sobre una refundación de la UE desde la izquierda, por consiguiente, sobre la formación de un Estado social europeo o similar, en cambio no descarto éxitos en la lucha contra liberalización impuesta judicialmente. Contra ello vale la pena luchar. El objetivo de esas luchas sería la efectiva protección de economías mixtas de mercado frente a las intromisiones del derecho europeo. Si se tiene éxito, valdría aún más la pena comprometerse a nivel de los estados miembro por una política social. Sin embargo, las enmiendas a los tratados, necesarias para esto, no son simples adiciones a la ley primaria europea, no son reformas marginales. Ellas apuntan al núcleo de los tratados, es decir, ante todo al libre mercado único y a lo que los jueces europeos han hecho en el pasado en el ámbito político.

¿Cómo se podría forzar esa modificación de los tratados? Fritz Scharpf1 llama a los estados miembros a colapsar el edificio del derecho europeo rehusando a cumplir con determinadas decisiones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y de este modo desencadenar una crisis constitucional europea. No quiero entrar ahora en detalles y sólo señalar lo siguiente: lo que aquí propone Fritz Scharpf, quien no es realmente revolucionario y de izquierda radical, podría indicar también un llamado a una ruptura selectiva con la actual UE. Lo que quiero expresar es que las posiciones que la AKL adopta en el debate, reciben mucho más apoyo de la investigación europea crítica de lo que a primera vista podría creerse.

Ninguna perspectiva de distensión en la zona euro

Con ello quiero pasar a hablar del euro y a mi segundo punto, que también da título a este panel: ¿Por qué no hay ninguna perspectiva de solución del problema de la eurozona? En tanto permanezcamos en el euro, solo podemos intentar resolver el problema de los niveles de precios divergentes en la eurozona mediante la deflación o inflación interna. Desde hace por lo menos seis años que venimos discutiendo sobre la posibilidad de que los países del norte de la eurozona pudieran liberar a los países del sur de una parte de las presiones deflacionarias, aceptando ellos una inflación. Esto no ha ocurrido y nada similar está en perspectiva. Aun cuando los sindicatos pudieran asumir una estrategia de elevación salarial, en mi opinión fracasaría debido al sistema salarial descentralizado de Alemania. Lo que significa que la parte norte de la Eurozona con Alemania como centro dejaría a la parte sud todo el peso del ajuste.

En la Europa del sur prácticamente se han anulado la democracia y las negociaciones colectivas para imponer las devaluaciones internas. ¿Cómo ha sucedido esto? Al gusto alemán: se ataca a los sindicatos y se destruyen los derechos laborales colectivos hasta que los salarios caen. Luego se espera que como consecuencia también bajen los precios. Los daños colaterales son la caída de la demanda interna, el desempleo masivo, las privaciones sociales, la fuga de cerebros, la muerte del derecho laboral. ¡Este experimento cínico y brutal debe definitivamente acabarse! Pero sólo acaba si se pasa de la presión para devaluar internamente a la posibilidad de revalorizar y desvalorizar. Lo que exige salir del euro.

Por un Sistema Monetario Europeo II (EWS)

¿Cuál es la alternativa? Probablemente estaremos de acuerdo en que ese objetivo no puede consistir en tipos de cambio completamente flexibles. Si excluimos tanto un sistema de tipos de cambio completamente flexible como uno rígido, nos quedamos lógicamente sólo con la alternativa de un régimen adaptable en el cual exista la cooperación cambiaria, en el cual la posibilidad de negociación política de las valuaciones y devaluaciones de las monedas sin embargo permanezca abierta.

Tal orden monetario era el del Sistema Monetario Europeo (EWS) que existió desde 1979 hasta la instauración del euro. Ahora no debemos copiar ese sistema al 100 por ciento, se puede seguramente hacer algo mejor. Sobre todo, se pueden, por supuesto, desarrollar otras exigencias en tanto fuerza política de progreso. Pero incluso si no se puede acordar nada más aparte del EWS, es un camino que debe emprenderse. Observando su capacidad para minimizar las desigualdades macroeconómicas, el EWS fue superior al desastre provocado por el euro.

Necesitamos un puerto seguro para los países salientes

Pero todo es teoría, muy abstracta y difícil de comunicar. ¿Qué significa esto para nosotros? ¿Por qué debemos abogar? Estoy estrictamente en contra de defender o incluso tolerar que Alemania pueda expulsar a otros países fuera de la eurozona contra su voluntad. En ese caso se podría seguir a Joseph Stiglitz en la exigencia dirigida al propio gobierno: Alemania debe salir del euro. Encuentro a esa consigna en cierto modo extraña y no me agrada hacerla mía.

¿Por tanto, qué hacer, como actuar en el debate? Veo a la actual situación como sigue: en tanto no hay ningún cambio político a la vista, más pronto o más tarde los países romperán con la eurozona bajo la presión de la situación. ¡Es importante preparase para esos acontecimientos tanto como sea posible! Se debe abogar por el establecimiento de una zona de cooperación cambiaria, en la que puedan ingresar los países que salgan de la zona euro. La propuesta consistiría por tanto en primer término la constitución de una nueva EWS alrededor de la eurozona. Y si eso significa que se pierde el miedo a retirarse del euro y el número de países dispuestos a salir es cada vez mayor, tanto mejor, puesto que la preservación del euro, tal como hemos visto, no es ahora un valor en sí mismo.

Publicada en (http://www.antikapitalistische-linke.de/?p=1819)


1 Fritz W. Scharpf (12/2/1935 en Schwäbisch Hall) director emérito del Instituto Max Planck de Estudios Sociales. Sus áreas de interés son: problemas organizativos y procesos de toma de decisiones en todos los niveles gubernamentales; a economía política de la inflación y el desempleo y la economía política comparada del Estado de Bienestar.

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